El optimismo no es una emoción extendida en Estados Unidos por estos días. Y es que lo que parecía ser inicialmente una robusta recuperación económica tras la hecatombe de 2008, se está transformando en un tedioso período de estancamiento con riesgos de recaída.

Tome nota: un enorme déficit fiscal resultado del enorme plan de estímulo y el colapso de la recaudación fiscal; una tasa de desempleo que se niega a bajar del 10%; un comercio internacional que no repunta; y un gasto de los consumidores (fuente primordial del poder económico de EE.UU.) sin que vuelva a relucir. A esto sume nuevos cierres de empresas, una Reserva Federal estirando su poder de endeudamiento y las profundas divisiones parlamentarias sobre política fiscal características de un entorno pre electoral. Nouriel Roubini, el economista conocido como Dr. Doom por haber adelantado la debacle financiera de las subprime de 2008, dice que las positivas cifras de la primera mitad del año estuvieron impulsadas por el viento de cola de los estímulos fiscales y monetarios, pero que ahora el viento viene en contra por la necesidad de reducir el endeudamiento: “el endeudamiento hipotecario, el endeudamiento de las entidades financieras y el endeudamiento de los gobiernos, lo cual sólo se logra con austeridad fiscal”, dice Roubini.

El endeudamiento nacional de EE.UU. ya supera los US$13,3 billones (millones de millones), dos tercios de lo cual corresponde a deuda pública. Los más pesimistas plantean que el país tendrá que acudir a una de las siguientes medidas: reducción en los beneficios de las jubilaciones de los baby boomers, incrementos astronómicos en los impuestos (restando incentivos para el trabajo y el ahorro) o la impresión de vastas cantidades de billetes para que el gobierno pague sus cuentas.

“Posiblemente la solución vendrá de una combinación de estas medidas”, dice el economista Laurence Kotlikoff, de Boston University. “Es un feo camino a seguir, pero es el camino en el que estamos… Pronto los tenedores de bonos nos empujarán más hacia abajo en esta dirección cuando se den cuenta de que estamos en una peor situación fiscal que Grecia”.

No todos son pesimistas: aunque muchos coinciden en apuntar que las últimas señales económicas no son las esperadas, afirman que el proceso de recuperación sí está en marcha y que un nuevo estímulo fiscal ayudará a devolver la confianza de los inversionistas.

Con el Congreso calentando motores para las elecciones de noviembre, lo más probable es que Barack Obama apueste a una nueva inyección fiscal a la economía. Aunque puede tener resultado electoral, su impacto económico, no obstante, no está garantizado.