En cada uno de los procesos electorales que ha protagonizado, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, tenía un aliado que dejaba sin argumentos a la oposición: el desempeño económico. Con una economía que depende cada vez más del petróleo, cada alza en el valor del barril implica crecimiento económico y más recursos para sus políticas estatistas y de distribución de la riqueza. No debe sorprender que Venezuela haya sido el país latinoamericano que más incrementó sus índices de desarrollo humano durante la última década y que muestre importantes tasas de disminución de la pobreza. Logros que desarmaban a la ya desorganizada oposición política, que además debía sufrir de medidas arbitrarias por parte del ejecutivo y de un desigual acceso a los medios de comunicación.

Las elecciones a la Asamblea Nacional del próximo 26 de septiembre serán la primera en que Chávez no cuenta con una economía favorable. Mientras América Latina crecerá en torno al 4,5-5% durante este año, los más optimistas apuestan a que el PIB de Venezuela se contraerá entre 2 y 3%. Eso en un país con tasas de inflación en torno al 30%, con un caos en el sistema de precios debido al absurdo sistema cambiario de tasas paralelas y con un sistema energético que no tiene cómo resolver en el corto plazo sus déficits. Todos factores que impactan fuerte a los más pobres, que conforman el grueso del respaldo electoral de Chávez Frías.

Las recientes emisiones de deuda venezolana han buscado dar liquidez al mercado cambiario durante este período pre-electoral, aunque está lejos de ser un mecanismo sustentable para mantener el nivel de gasto y la depreciación del bolívar. Esto sumado a las crecientes tasas de criminalidad generan un ambiente propicio para que la oposición tenga más éxito. Pero no hay que engañarse: la figura de Chávez es enorme y su capacidad de movilización es aún más grande, por lo que sus candidatos volverán a recibir una gran cantidad de votos a su favor. Es poco probable que Chávez no logre un triunfo. Pero si la oposición logra 30% de los asientos en la Asamblea será un gran paso para seguir ganando los espacios perdidos.