“Había millones de stands o hotspots, donde, cada media hora, una empresa que produce una tablet cualquiera de las miles que hay o se van a lanzar, hacía sus presentaciones al mejor estilo de pastor protestante mostrándonos su milagro”. Editora, licenciada en letras y especialista en educación, la argentina Daniela Gutiérrez narra así la atmósfera de la Feria del Libro de Frankfurt, la más importante del planeta.

Había razones para tanto proselitismo. Los profetas del libro electrónico por fin han llegado a la frontera de la tierra prometida: la Asociación de Editores de Estados Unidos anunció que entre enero y agosto pasados las ventas de libros que sólo se pueden leer digitalmente (e-books) alcanzaron US$ 263 millones (que no incluye libros académicos). Un 9,03% del total y un 193% más que en similar período de 2009.

Sin embargo, América Latina parece hoy ajena a tal frenesí. Es la calma que antecede a la tormenta. Los editores se dan cuenta de que la ausencia de lectores digitales y de material en español o portugués para bajar es algo que puede cambiar muy rápido.

“No está sucediendo lo que sucedió, por ejemplo, con la industria de la música con la aparición del MP3”, dice en Buenos Aires Ariel Granica, propietario y director de la Editorial Granica, especializada en libros de negocios.

Granica cuenta que en Frankfurt se reunió con los mayores editores de libros de negocios de habla inglesa. “No percibí en ninguno de ellos este asunto como amenaza ni como gran oportunidad. Sí una inquietud en todo el canal por la legislación definitiva, atendiendo a retailers, distribuidores, editores y autores”.

Para el mexicano Carlos Cristiani, accionista de Dada Labs, un cambio grande y seguro es el que vendrá en los precios. “Mi primer libro electrónico lo leí en una Palm Pilot y fue una experiencia horrorosa”.

Un libro electrónico debiera ser considerablemente más barato porque los costos de producción son inferiores y no existen casi costos de almacenaje. Para probarlo, la empresa de Cristiani, con base en San Diego (California), prepara un sello editorial digital para 2011. Partirá con un catálogo de libros electrónicos de 14 autores. Para Cristina Gutiérrez, la disyuntiva principal es cuál plataforma adoptar. “Creo que la mayoría de las empresas optará por seguir el modelo de Apple. El costo de producción es muy razonable y con reglas claras. Con Kindle el costo es altísimo.

En América Latina los precios son una variable aún más importante. Tras una “edad de oro” que se extendió de 1940 a 1960/70, los libros de papel se han hecho progresivamente más caros e inaccesibles para las mayorías. El florecimiento de la piratería y el derrumbe de la mayoría de las editoriales nacionales están allí para probarlo.

Para Karla Ruiz de Velasco, directora de servicios web de la española Amabooks, la rebaja de precios es inminente. “En Amabook un usuario compra el libro, que va a estar un 30% a 40% más económico y tiene un conteo de seis descargas diferentes en seis dispositivos propios o de terceros”. Su empresa se dedica a digitalizar catálogos de editoriales en España y Latinoamérica y a colocarlos en línea.

Por ahora, hay una dispersión de formatos: Amazon/Kindle, Barnes & Noble y ePub (Electronic Publication, de Adobe). Para Ruiz de Velasco este último tiene el potencial para universalizarse como el MP3 en la música.

Los e-books suponen también restricciones a las copias y usos que provocan polémica. Se trata de los DRM (siglas en inglés para Digital Rights Management) o “Gestión de Derechos Digitales” que, en algunos sistemas (eReader de Palm), incluso, enlazan el número de la tarjeta de crédito con las copias para evitar el pirateo.

La pregunta es si el negocio editorial no cambiará de naturaleza, al cambiar el libro de soporte. “Hoy una editorial de libros de negocios tienen a disposición un océano de redes disponibles para comunicar”, dice Granica.

La editora Daniela Gutiérrez, miembro además del directorio de la International Visual Sociology Association (IVSA), recuerda un punto crucial para la industria, más allá de todos estos cambios: “Sí o sí, vas a tener que seguir generando lectores, sea en el soporte que sea”.