El anuncio de la posible integración entre la aerolínea chilena LAN y la brasileña TAM puede convertirse en un hito en la historia latinoamericana.

No tanto por su efecto en la industria aérea en la región. De hecho, esto de crear un conglomerado que compita de igual a igual con los grandes grupos aéreos del mundo debe ser evaluado con profundo detenimiento por las autoridades por su impacto en la competencia, especialmente en algunas rutas que son controladas por ambas. Y es que la industria aérea es una de aquellas cuya competitividad impacta directamente al resto de la economía. Si la competitividad de la carga aérea decae, los mayores precios o las rutas más ineficientes afectan a toda la industria que exporta por vía aérea (como las flores de Ecuador y Colombia). Lo mismo para los pasajeros. Permitir que la industria aérea tienda a un monopolio podría impactar directamente en la competitividad de la región. No obstante, de concretarse esta operación –que detrás de su sofisticada estructura corporativa esconde una compra de TAM por parte de LAN– sería un hito en cuanto a los alcances que podría tener la apertura y la integración por parte de Brasil con sus vecinos. Y es que la industria aérea es tradicionalmente una de las industrias más protegidas por los países.

Y Brasil es el país con tradición más proteccionista de América Latina. De ser aprobada por parte de las autoridades y accionistas brasileños –y permiten que un grupo extranjero controle su aerolínea de bandera– significa que el compromiso de Brasil con la integración latinoamericana es cierto. Si las autoridades involucradas superan el anacrónico argumento de que la formación de grupos aéreos internacionales amenaza la soberanía nacional, tal como se ha argumentado en esta ocasión, es porque Brasil finalmente está dispuesto a abandonar viejos tabúes por abrirse al mundo.