“La política de ajuste fiscal en medio de un aumento del desempleo es pro-cíclica y empuja a Europa hacia una depresión más profunda y prolongada”. ¿Keynes, 1936? No, Soros, 2012. El economista inglés y el magnate estadounidense no están tampoco tan alejados cuando se recuerda que el autor de “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero” fue un apostador en la Bolsa de Londres. Más unidos llegarán a estar si Alemania le hiciera caso al especulador–filósofo: ambos tendrían el agradecimiento de Berlín (Keynes fue la figura central que logró impedir que Francia cortara el acceso de alimentos a Alemania en 1919). En especial, el de los inversores inmobiliarios y bancos de su capital. Es que Soros les advirtió, en una visita a la ciudad misma, la segunda semana de septiembre, que hay señales ominosas de una burbuja inmobiliaria tenelocal en expansión, producto del flight capital que huye del resto del continente rumbo a la seguridad germana y de las tasas de interés negativas consecuentes. ¿Resultado? Se esperan compra ventas de más de 7.000 millones de euros para el total de este año y los valores ya se inflaron 17%.

Pero Soros hizo más que marcar la distorsión de un mercado puntual: horas antes de su arribo, propaló a los cuatro vientos que si Alemania no modera su obsesión con la austeridad, más le vale dejar la zona del euro y retornar al marco. “Alemania debería: o liderar en el desarrollo de una política de crecimiento, unión política y reparto de la carga (de la crisis), aceptando el costo de tal liderazgo”, arguyó. “O irse (de la eurozona) a través de un arreglo amistoso”. Sucede que los alemanes están dejando atrás la buena voluntad y aporte entusiasta al proyecto europeo, con los cuales trataron de compensar al continente por la destrucción total a la que lo condujieron entre 1939 y 1945.

Así, la Alemania “normal” comienza a ser tan egoísta como el Reino Unido o Finlandia, países para los cuales la Unión Europea es un club del que quieren sacar más de lo que ponen. Con esta óptica deben entenderse los seis recursos presentados a la Corte Constitucional Alemana, o Karlsruhe, con que varios políticos y economistas de ese país intentaron bloquear el aporte de € 190.024 millones al Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE). Los ocho jueces, para alivio del Banco Central Europeo (y del gobierno de España, que depende de ese dinero), declararon que tal aporte era constitucional, pero hicieron una corrección al imponer que cualquier nuevo desembolso, por sobre ese límite, deberá ser aprobado en un pleno por el Parlamento Alemán. El economista germano Markus Kerber fue uno de los desilusionados por el fallo. Para él el euro es un pantano que pronto se tragará a Francia, país al que califica de “muerto”, y Alemania debe irse, de buena manera, al Guldenmark, que podrán adoptar los países que acepten nuevas reglas fiscales estrictas. Tal vez sea tarde para el pedido de Soros: Alemania –cuyo porcentaje de deuda sobre PIB es del 82,2% y está bajando– no podrá rescatar a Europa sin un consenso interno férreo que permita el aumento de tal endeudamiento que sería necesario para lograrlo.