Argentina tiene hoy cinco satélites en el espacio. Pronto tendrá muchos más y planea lanzarlos ella misma. Oyó bien, hace algún tiempo que está desarrollando sus propios cohetes y creó para ello una empresa especial. Se trata de VENG (Vehículos Espaciales de Nueva Generación), recientemente puesta en marcha por la Conae, entidad estatal que supervisa los temas del espacio exterior. 

La novedad es que los argentinos pretenden operar con un concepto distinto al actual para construir y manejar sus satélites. Lo han bautizado como “arquitectura segmentada”. A diferencia de los actuales, llamados “monolíticos” (que tardan seis años entre la concepción y puesta en órbita), los “segmentados” se articulan bajo el concepto de plug and play: distintos módulos, reemplazables, que operan en conjunto. Pero lo anterior supone tener un sistema de “lanzadores” propio. Por ello trabajan en el primer prototipo de un motor de 30 toneladas de empuje que les permitiría colocar en órbitas bajas satélites (o sus partes) de 250 a 400 kilos. Ya planean el primer lanzamiento para 2013. 

Ahora ¿necesita Argentina convertirse en el séptimo país en poder poner satélites en órbita? “Quien tiene el control de los satélites, controla la información. Y el flujo de la información”, dice Carlos Schwartzer, experto en economía industrial. “Un país agroindustrial que conoce su panorama meteorológico con meses de anticipación tiene una ventaja. Poder anticipar ciclos climáticos es en sí ya un negocio”. Según él, “la tecnología satelital es estratégica para la economía: pensemos en los futuros agrícolas”. Por ello, el desarrollo de VENG anticiparía “la emergencia de un sector industrial sofisticado”, con el surgimiento de Pymes de alta tecnología. Por ahora, aparte de coordinar el trabajo de los científicos y técnicos que trabajan en el cohete y VENG, la Conae anunció que estudia lugares para la base de lanzamiento. La zona más probable sería Puerto Belgrano, frente al Atlántico, casi 700 km al sureste de Buenos Aires.