Como lo sabe cualquier chimpancé, hay que tener una cola prensil para escalar más de dos metros de altura sin peligro. Por ello Segma basa su negocio en ofrecer el mejor sucedáneo de un tercer brazo: un buen arnés. Y no sólo eso. “Ofrecemos líneas de vida, absorbedores de energía, instalaciones permanentes para escaleras y techumbres. En fin, todo lo que significa seguridad en altura”, dice  Gabriel Macaya, gerente de la compañía.

Con una facturación cercana a los US$ 4 millones anuales, Segma no sólo provee a las empresas constructoras, sino también a cualquiera que posea grandes bodegas y maneje logística de proporciones, como CCU, Soprole y Sodimac. Hace cerca de dos años, un cambio en las normas de seguridad llevó a que parte “de la demanda más sofisticada provenga de  las compañías eléctricas”, dice. Y dado que Segma compite con empresas francesas que fabrican en China, esto ha sido un estímulo para generar una oferta más competitiva. Han desarrollado, por ejemplo, el “arnés bieléctrico”, cuenta Macaya. Se trata de un producto con las partes metálicas totalmente recubiertas para evitar que se forme un arco eléctrico que afecte a los operarios de torres de alta tensión. “Es una idea que nunca vimos afuera”, dice. “La queremos patentar”.

Lo anterior es parte del tridente de políticas que caracteriza a Segma: tener al menos un desarrollo productivo importante propio al año, buscar oportunidades de exportación (hoy lo hacen a Perú, Ecuador y Colombia, y se aprestan a hacer pie en Brasil) y cuidar la estética. “No por ser un elemento de seguridad tiene que ser feo y mal presentado”, concluye Macaya. “También buscamos diferenciarnos con la estética”.