En todo el mundo no hay más de 17 fabricantes de baterías de litio para vehículos eléctricos. Varios de ellos trabajan sobre tecnologías propietarias y son compañías creadas ex profeso por automotrices. Es el caso de GS Yuasa (Mitsubishi), PrimeEarth EV Energy Co. (Toyota y Matsushita). O divisiones de empresas de tecnología, como Sanyo, que las fabrica para Suzuki. Aparte de las niponas hay surcoreanas, canadienses y estadounidenses (A123, por ejemplo). ¿Latinoamericanas? Ninguna.

Sin embargo, es Bolivia la que corre con ventaja. En julio de 2011, un consorcio mixto encabezado por la estatal Korea Resources Corp. (KORES) firmó un memorándum de entendimiento con la COMIBOL (Comisión Minera de Bolivia). El acuerdo supuso la creación de un grupo de trabajo que culminaría con la construcción de una planta en el país andino.

En enero recién pasado, en Argentina, otro productor de litio, investigadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y las universidades de La Plata (UNLP) y de Córdoba (UNC), presentaron la primera motocicleta que funciona con una batería de litio ensamblada localmente. Pero el proyecto es más ambicioso: producir las celdas de litio e implementar el sistema de control de las baterías, que entrega la información sobre el estado de la batería en tiempo real. “Si logramos desarrollar las celdas, tendremos el conocimiento de cómo hacerlas, podremos conocer la química para la composición óptima y desarrollar los materiales necesarios para producir una batería de litio”, dice Arnaldo Visintin, químico y miembro del team de investigadores. Hay mucho en juego. El mercado de las baterías de litio ha estado creciendo al 6% anual desde el año 2000 y se espera que la tasa se acelere al 20% cuando los autos eléctricos comiencen a ser fabricados masivamente.