En estos momentos es fácil hablar sobre la economía latinoamericana. Su capacidad de recuperación tras la crisis financiera global y el dinamismo que están demostrando sus empresas sorprende incluso a los más optimistas. El empuje de Brasil, el boom de Perú, Panamá y Colombia. La recuperación mexicana, el modelo chileno, el potencial de Centroamérica... Todas, noticias excelentes. El especial de rankings de bancos de esta edición está llena de ellas: hoy los bancos latinoamericanos son más grandes y más sólidos que lo que eran hace unos años. Mucho más de lo que eran a principios de la década. La tentación para la complacencia es grande. De hecho, en América Latina tenemos un peligroso historial de autocomplacencia que nos ha llevado a profundas crisis luego de celebrar en los tiempos de auges. En AméricaEconomía queremos evitar eso. Los buenos resultados de hoy son razones para aspirar a más. Para ponernos más exigentes. Para ser más rigurosos. Para tocar los temas que más duelen. Y es que en América Latina sigue habiendo demasiados temas que causan dolor. Léase violencia, narcotráfico y corrupción. Mala educación, baja productividad y excesiva burocracia. Inequidad, poca innovación y una permanente tendencia a la erosión institucional. Realidades que impactan directamente al ambiente de negocios para los hombres y mujeres de empresas a los que va dirigida esta publicación. Nuestra misión es provocar a nuestros lectores. Estimularlos con profundos y exclusivos análisis de la realidad empresarial, económica y política de América Latina, sin dejar de lado ese punto de vista crítico que requieren las mentes más estimuladas para tomar buenas decisiones. Nuestro objetivo es que incluso entre las mejores noticias, no perdamos el sentido de alerta. Es preciso evitar que la complacencia nos arrebate a todos la posibilidad de seguir avanzando.