Si por una extraña coincidencia un gobierno de cualquier país del mundo destruye una partida de un millón de unidades de su moneda en pleno deterioro mientras, en paralelo, un falsificador fabrica un millón de esos mismos billetes y se encuentran tan bien hechos que circulan sin problemas, ¿afectaría esto negativamente a la economía? Cualquier macroeconomista dirá que, más allá de la legitimidad moral, la respuesta es negativa.

De hecho, uno de los elementos que justifican la emisión sin respaldo (o con un respaldo que está “en el futuro”) durante las recesiones agudas, se relaciona con el hecho de que los actores económicos pueden estar tan asustados que sacan gran parte del circulante y lo guardan en el colchón. ¿Resultado? Los medios de pago se esfuman. Literalmente, no hay con qué pagar.

España vive hoy una situación de una gravedad parecida: las políticas de ajuste fiscal, el alto endeudamiento hipotecario de sus ciudadanos y el miedo de las empresas deprimen la economía.

¿Alguna solución innovadora? Sí, reactivar con emisión monetaria del… ¡pasado! Es lo que decidieron hacer los comerciantes de Mugardos, un pueblito de 5.500 moradores en Galicia, cuyos comerciantes comenzaron a aceptar como moneda válida las pesetas caídas en desuso hace nueve años. La decisión la tomaron en conjunto los más de 60 comercios de la localidad el 1º de marzo. El resultado: la economía de Mugardos despega. Los fines de semana aparecen consumidores incluso de otras provincias. El proyecto “no es reemplazar el euro ni desplazarlo, sino tan sólo complementarlo”, dice el alcalde Xosé Fernández Barcia. Y para no enfadar al Banco Central, la medida, dice, sólo estará vigente un mes.

De hecho, en este caso, como se trata de pesetas que no se cambiaron por euros en su momento, no se está “emitiendo” ilegalmente, sino trayendo del pasado ahorro legítimo que se había perdido.