En un principio, digamos de 1974 a 1984, el corredor amateur estaba solo y aburrido. Entonces, invitó a su novia o a un amigo. Pero eso fue en el génesis, cuando nadie imaginaba siquiera la posibilidad de una maratón de Nueva York con 60.000 inscritos. Entremedio aparecieron las corridas benéficas y no competitivas. La cosa ha comenzado a volverse algo demasiado pintoresca con las Color Runs, basadas en la festividad india Holi, donde cada uno de los cinco kilómetros representa un color con el cual se baña al corredor cuando arriba a la meta. Sin embargo, siempre se puede dar una vuelta de tuerca bizarra más. Para mostrarlo está la última “innovación” en maratones: El #Muza5k de Buenos Aires.

Creada por tres amigos (Martín Auzmendi, Franco Antolini y Joaquín Hidalgo), consiste en cruzar cinco kilómetros de la capital argentina repostando en ocho pizzerías, donde se ingiere una porción de pizza, se anotan datos de evaluación y se sale a la carrera. Al final, los participantes votan para elegir la mejor pizzería de la ciudad. Nacida en 2011, con 30 trotadores, en su tercera versión, de noviembre recién pasado, los inscritos fueron 400. Para evitar las aglomeraciones, esta vez los runners pagaron US$ 8 la inscripción, la que los habilitó a acceder a las pizzas sin tener que pagar cada vez de su bolsillo. Pronto, la maratón Siesta5K.