En Brasil hay 25 millones de peces. No en el Amazonas ni en sus costas, sino en sus casas. Y tienen que comer. Lo mismo que millones de perros, gatos, pájaros y roedores que giran y giran en sus jaulas. Más allá de la ironía que pueda caber en el hecho de que, para alimentarlos, deba deforestarse bosques y desviar ríos, se trata de una gran fuente de trabajo y ha convertido a Brasil  en el segundo mayor mercado de alimentos para mascotas por ingresos, ya que está empatado con Japón, que tiene menor población, pero un ingreso per cápita mucho mayor.

Así, después de al menos dos años de arduas negociaciones, la ABINPET (la asociación brasileña de productos industriales para los animales domésticos) logró convencer al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento para que le permita crear la Cámara del Animal Doméstico. Sucede que, hasta ahora, los asuntos del sector fueron tratados por la cámara sectorial de insumos agrícolas, pero sus intereses en ocasiones divergen. Según el director ejecutivo de ABINPET, José Edson Galvão de Francia, se aprobó –con las autoridades– una agenda para el período 2012-2015. Entre sus objetivos está “llevar a cabo un censo para conocer el universo real de los animales domésticos en el país”. Según Francia, el IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística) hasta ahora no estaba muy entusiasmado con la posibilidad de hacer la encuesta por falta de personal para realizarlo. Una alternativa sería que la Confederación de Municipios ayudase en el trabajo. Otro tema que la ABINPET quiere discutir es la presión fiscal sobre la industria. El 46% del precio final de los alimentos para mascotas corresponde a impuestos. Una rebaja traducida a precio llenaría de felicidad no tanto a los animales como a sus dueños.