- Este año América Latina está con un crecimiento a la baja, y Ud. dice que Colombia es la excepción, ¿cuál es la clave para estos resultados?

- Un elemento externo es que los precios del petróleo, que son los más relevantes para Colombia, se han mantenido altos. A diferencia de lo que ha pasado con los precios de los minerales que afectan tanto a economías como la chilena o la peruana. Entonces, hemos obtenido un choque externo menos negativo que otros países. Pero eso no significa que sea el óptimo. Hemos enfrentado la desaceleración de Venezuela, que es un mercado importante para Colombia, y una menor demanda tanto de Europa como de China. Además, sabíamos que era necesario prepararse y empezamos en 2012: bajamos las tasas de interés ese año y pasamos por el Congreso una reforma tributaria para darles más competitividad a las empresas.

- Ahora está lanzando una nueva reforma tributaria que subirá los impuestos. ¿Cómo se llega a un equilibrio para evitar los roces entre las partes involucradas?

- Es una reforma tributaria que indiscutiblemente tiene un impacto sobre las empresas. Lo ideal es que sea el menor impacto posible sobre las confianzas, que es ese intangible que ha hecho la mayor diferencia en el caso de Colombia. Es un aspecto que tiene que ver con la demanda interna, el consumo, la inversión, eso es lo que hay que cuidar. Las reformas tributarias normalmente chocan con ese nivel de confianza y ahí es donde es necesario manejar las cosas hábilmente.

- ¿Y cómo se manejan esos niveles de confianza en lo comunicacional?

- Creo que la discusión de reformas tributarias en periodos demasiado largos afecta la confianza. Mientras se pueda concentrar en un periodo breve, mejor. Porque las discusiones tributarias nunca son fáciles, siempre hay ganadores y perdedores. Y hay incertidumbre sobre el futuro. Por eso, mientras más compacto y breve pueda ser ese espacio de discusión, mejor. Y lo segundo es la comunicación: para qué se está haciendo, por qué se está haciendo, cuáles son las alternativas y por qué esta es la mejor alternativa de todas.


- En su calidad de ex ministro de Energía y de Transporte, ¿hay cosas que ahora recién entiende? Tipo “ahora entiendo por qué me decían que no”.

- (Risas) Sí, ahora entiendo por qué era tan difícil conseguir recursos de Hacienda. Pero ahora estamos en una época muy privilegiada en nuestra economía, entonces muchas de las restricciones que impedían apropiar recursos importantes a estos sectores ya no existen. Cuando fui ministro de Transporte los presupuestos eran muy pequeños, hoy tiene un presupuesto muchísimo mayor. Eso pasa en todo el Estado colombiano en materia de inversión. Hemos aprovechado el buen momento para aumentar la inversión pública.

- No le ha tocado ser el malo de la película.
- Las circunstancias económicas nos han permitido ser menos malos. Tenemos mucha disciplina fiscal y restricciones, pero también hay más espacio. Tratamos de hacer un desarrollo equilibrado entre todos los sectores: social, de infraestructura, deporte, cultura. Mantener un balance porque el país tiene muchas necesidades y hay que avanzar en todos los frentes.

- ¿Desde su historia como parte de distintos gobiernos, ¿cómo ve el cambio de Colombia en los últimos 10 años?

- Colombia siempre ha sido un país muy sólido. Con un sector empresarial muy fuerte, una clase trabajadora dinámica y comprometida, una cultura donde se valora el trabajo. Ése ha sido siempre nuestro país. Lo que pasa es que tuvimos problemas que resolver, como la criminalidad, el narcotráfico. Eso nos afectó como sociedad, pero también afectó muchísimo nuestra imagen en el exterior. Resueltos esos problemas, o en camino de solución, se quita ese velo que impide ver bien a Colombia.

- ¿Tiene una visión de lo que será Colombia en los próximos 10 años?

- Vamos por buen camino. Nuestro modelo mezcla dos visiones que se pueden complementar muy bien. Una es que somos muy responsables en el manejo macroeconómico, somos la antítesis de lo que significa el populismo en materia fiscal. Y la otra visión es que somos un país que asigna esos recursos a los sectores más pobres de la población, con un criterio muy redistributivo. Por ejemplo, aquí tenemos el impuesto a la riqueza del que habla Picketty, nos adelantamos a él, porque queremos esa redistribución.

Entonces, mezclamos esos dos modelos: ortodoxia en lo macroeconómico y progresismo en la asignación de recursos fiscales. Si seguimos por ese camino, que tiene un elemento de derecha y un elemento de izquierda, Colombia puede aspirar en un tiempo razonable de 12 o 15 años a tener un nivel de vida como el que tiene hoy Portugal. Si seguimos sistemáticamente por ese camino y sobre todo si logramos la paz.