El complejo residencial Ipiranga One en São Paulo no existía el día en que fue puesto en venta. No estaban siquiera los cimientos, sino un cuadrado en blanco y negro de nueve metros, al que los clientes potenciales apuntaron sus iPhones y laptops. De pronto, ante el asombro de muchos, las pantallas se cubrieron con espectaculares imágenes en 3D del futuro complejo.

Dos meses después los responsables, la inmobiliaria Rossi y la agencia de publicidad Leo Burnett, llevaron el truco un paso más allá. Sobre un terreno también vacío, ubicado en la ciudad de Vitoria, estado de Espírito Santo, extendieron una lona de 900 metros cuadrados y subieron a los invitados a un helicóptero. Esta vez el edificio podía verse en su entorno real, incluyendo autos y peatones. La lona oficiaba de “marcador” de realidad aumentada (RA) y entró al libro de Guinness como el más grande del mundo hasta la fecha (ver ilustración).

La RA permite visualizar imágenes del entorno físico, captadas, procesadas y dotadas de mecanismos digitales para interactuar con ellas en tiempo real. Hoy se está aplicando en publicidad de exteriores, medicina, navegación aérea y educación. Su llegada a América Latina es reciente. “Durante los últimos dos años se ha transformado en una moda”, dice Hernán Cuñado, director de cuentas de Leo Burnett en Buenos Aires. RIM utilizó RA para promocionar Blackberry en Brasil. Lo propio hizo Intel para sus procesadores Core i7 en Santiago, o Unilever para su producto Rexona Adventure.

Los analistas de la consultora británica Juniper Research estiman que los contratos de RA crecerán de US$ 2 millones este año a más de US$ 700 millones en 2014. Para Gartner, otra consultora especializada en TI, recién en seis años será una tecnología de adopción generalizada.

FALTA HARDWARE
La RA surgió hace 20 años en Estados Unidos y el término fue acuñado en los laborato-rios de la Boeing. Por aquel entonces se utilizaban cascos de realidad virtual. Además de incómodos, su costo era prohibitivo: unos US$ 35.000 por unidad. Hoy el abaratamiento de la capacidad de cómputo, sus consecuencias en el reconocimiento de imágenes y el procesamiento en la nube permiten utilizar una simple webcam como las que vienen en cualquier laptop o la cámara de un celular.

Ello ha abierto la puerta para una nueva generación de emprendedores tecnológicos que, de la mano del capital de riesgo, buscan posicionarse en distintos nichos de mercado.

“Incluso ya no necesitamos marcadores; con los sistemas de reconocimiento visual podemos usar cosas menos invasivas, como estampados en la ropa para desarrollar la interacción”, señala Aníbal Valencia, presidente de Gled, un emprendimiento chileno que desarrolló Iveo, su propio instrumental de programación de RA, y cuyos clientes van desde Intel a la cadena chilena de centros comerciales Mall Plaza y la aerología uruguaya Pluna.

 

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Estas jóvenes empresas latinoamericanas no sólo están desarrollando aplicaciones publicitarias de RA. También hay proyectos orientados a la educación y la salud. Pool Argentina, una empresa de diseño y arte digital, desarrolló Manoescrita, una serie de libros pedagógicos cuyos personajes cobran vida poniendo el ejemplar delante de una webcam. Están negociando con el gobierno de la provincia argentina de San Juan para introducirlos en las escuelas. Lo propio está haciendo la empresa uruguaya Virtua Libros: en junio lanzaron el Mago de las Letras, un libro para enseñanza primaria de letras. Su objetivo ahora es sumarse a las demás disciplinas incluidas en el plan Ceibal, el programa de digitalización del sistema educacional iniciado por el ex presidente Tabaré Vázquez.

Por su parte, el ingeniero civil chileno Pablo Roncagliolo aprovechó su tesis de grado en la Universidad Federico Santa María para desarrollar un prototipo que permite identificar el punto específico para una cirugía de cráneo. “El médico puede identificar su posición respecto al paciente sólo capturando la imagen con su celular y conectándose con un sistema donde están almacenados los estudios previos”, explica. “La idea es hacer intervenciones con menores efectos colaterales y menor costo de equipamiento”.

La tecnología y las empresas de desarrollo ya existen en la región, lo que falta es un mercado que renueve el parque tecnológico. El procesamiento de imágenes necesita muchos recursos, incluyendo placas de video, y la disponibilidad de smartphones aún es muy baja. “Los procesadores pequeños nos obligan a hacer aplicaciones lo más simple posible”, dice Augusto Chesini, director de CannedBrains, empresa argentina orientada al desarrollo de juegos y responsable de la campaña RA de Blackberry en América Latina. “Eso por no hablar del pobre ancho de banda de la región”.

Donde la RA está funcionando, al parecer, es en los segmentos altos del mercado. Las 180 unidades del Ipiranga One se vendieron en 48 horas después del show virtual, antes que se instalara siquiera el primer cimiento.