Notifico al Presidente Hugo Chávez para que deje de ser cobarde lanzando insultos a distancia.

10:27 PM Aug 8th vía Twitter for BlackBerry©

@AlvaroUribeVel, ex Presidentede la República de Colombia.

La palabra “cobarde” recorrió la twitósfera y saltó incluso a los medios tradicionales. Mal que mal, la había escrito un ex jefe de Estado latinoamericano para responderle a otro, que, a su vez, lo acababa de interpelar por TV abierta. ¿Arrebato o lección? Quizás ambos.

Twitter es una red social virtual dedicada al intercambio de mensajes escritos breves, o tweets (como el piar de las aves). Posee atributos que la distinguen de otras redes por el predominio público de su contenido y la rapidez o viralidad con que propaga temas. Para los presidentes latinoamericanos, Twitter significa exponerse al barullo de sus pares y de los ciudadanos. “Algunos me apoyan, otros me insultan”, ha dicho Chávez.

Eduardo Arriagada, académico de la Facultad de Comunicación de la Universidad Católica de Chile, y experto en el tema, sostiene que en la actualidad Twitter es la más potente herramienta de conversación sobre lo público. “Es como poner micrófonos y parlantes a los buses, a los bares, a las plazas.Por lo mismo es una suerte de espacio natural para los políticos. Twitter les sirve de guía sobre lo que está pasando en la opinión pública”.

Hacia fines de agosto pasado las redes sociales hicieron una inusitada demostración de fuerza, al convocar y movilizar simultáneamente en un solo día a miles de chilenos en cinco ciudades en contra de un proyecto de construcción de una planta termoeléctrica en el perímetro externo de una reserva natural, en el norte del país.

El presidente Sebastián Piñera, quien durante su campaña presidencial había manifestado su oposición al proyecto, intercedió personalmente ante la multinacional GDF Suez, para buscar otro emplazamiento. Prefirió ser blanco de críticas políticas yempresariales por haberse saltadola institucionalidad medioambientalchilena antes que desafiar a la opinión pública. "Hemos logrado gran solución para proteger santuario naturaleza punta choros, isla damas y gabiota (sic), para nuestra y futuras generaciones”, escribió en Twitter.

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Eso va a ser candanga. El primero en llevar una campaña política
a internet fue el estadounidense Al Gore, hace ya diez años, a través de un blog que no lo salvó de la derrota. En cambio, Facebook fue una herramienta crucial para Barack Obama en 2008. Hoy pocos dudan de que la tecnología y las redes sociales sean habilidades necesarias para ganar el apoyo estratégico de los sectores medio-alto y juveniles. Muchos constatan además que Twitter está influyendo cada vez más en instalar temas en la agenda y en formar opinión pública.

En América Latina, el uso de Twitter como espacio y como herramienta de campaña presidencial fue estrenado en 2009 por Sebastián Piñera en Chile y Laura Chinchilla en Costa Rica. Ambos ganaron sus respectivas elecciones. En Brasil, los candidatos presidenciales Marina Silva, Dilma Rousseff y José Serra están dando una frenética batalla en Twitter por captar adherentes. A la inversa, el ex presidente de Colombia, Álvaro Uribe ha adoptado Twitter como plataforma de visibilidad política y tribuna de opinión después de dejar el cargo.

Sin embargo, el twittero presidencial más destacado de la región es Chávez. La opinión en la twitósfera venezolana le era desfavorable y él contraatacó. Cuarenta y ocho horas después de abrir su cuenta ya tenía 100.000 seguidores. Hoy les da “candanga” (fuego) a los demás presidentes. Supera los 800.000 seguidores y es el segundo jefe de Estado más popular en el mundo después de Obama (quien, sin embargo, reconoció a principios de este año que no había twiteado en su vida). Chávez es también el único cuyo perfil de red es de tipo solar, es decir, que la audiencia orbita en torno suyo. Los demás tienen perfil de tipo arácnido, o sea, que están entretejidos con otras redes.

En el otro extremo se ubica la presidenta argentina, Cristina Fernández. Abrió su cuenta en abril pasado y tiene una cantidad significativa de fans, pero apenas la usa.

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“En Argentina a los políticos les cuesta entender el funcionamiento de la red social, sólo trasladan a ella su forma de comunicación habitual”, afirma Darío Gallo, editor general de Perfil.com y reconocido periodista en temas tecnológicos y políticos. “Cristina Kirchner no hará historia en Twitter”.

De hecho, en la twitósfera argentina circula la expresión “La presidenta no quiere que le escriban” en alusión al título de la conocida novela de Gabriel García Márquez “El coronel no tiene quién le escriba”.

El presidente mexicano Felipe Calderón también despierta pasiones. no sólo es el twitero más popular de ese país, sino objeto de permanente interpelación por su estrategia ofensiva contra el crimen organizado y el narcotráfico: #chingueasumadrefelipecalderon fue el tópico más twiteado (trending topic) en México a mediados de julio pasado. En aquella ocasión dio cátedra de buen humor: “Botellita de jerez, todo lo que digan será al revés”, respondió el mandatario.

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La nube semántica de Twitter (ver la caja de herramientas) destaca la frecuencia con que las palabras son utilizadas. En Piñera predominan los gerundios y los verbos conjugados en primera persona del plural. Chinchilla se destaca por la palabra “gracias” y por el uso de adjetivos que enfatizan lo emocional. Chávez dialoga de manera coloquial con sus seguidores a través de palabras como “camarada” y “querida”. Calderón y Uribe están marcados por los problemas de violencia y seguridad que afecta a sus países.

Más allá de si un presidente tiene o no aptitudes para participar en una red virtual, algunos de ellos ya se percataron de que Twitter tiene un potencial que más vale comenzar a explotar, antes que les explote en contra. La opción contraria es la que tomaron, hasta ahora, Evo Morales en Bolivia, Luiz Inácio “Lula” da Silva en Brasil, o Juan Manuel Santos de Colombia. Ellos no tienen cuenta de twitter. En el mejor de los casos, sus nombres serán suplantados por ciudadanos con buen sentido del humor. En el peor, por sus adversarios políticos.