Es una celebridad literaria especial: en su tumba le han hecho una capilla modesta que contiene una ya menos modesta estatua de oro (de 18 quilates con brillantes incrustados), y sus libros están prohibidos, por lo tanto circulan gratis. Hecho estatua –en la pequeña localidad de Holanda, municipio de Apatzingán, estado de Michoacán en México– se le conoce como San Naza. Puesto en libro es “El más loco” o “El Chayo”. Tres apelativos, una misma persona: Nazario Moreno González, muerto a manos de los federales mexicanos hace un año y medio, el 9 de diciembre de 2010, cuando su cabeza se valuaba en US$ 2,4 millones.

Para quienes siguen de lejos la guerra de los narcos aztecas entre sí y contra el gobierno, Nazario es sólo otra figura más de una constelación de personajes fulgurantes, pero tan intercambiables entre ellos como los líderes talibanes en Afganistán. Sin duda esto es injusto con él. Fundador de “La Familia Michoacana”, su trayectoria es del todo singular y ello continúa aún después de muerto. De hecho se ha convertido en un best seller que roza lo absurdo: su libro “Me dicen ‘El más loco’” ha comenzado a circular y ser leído con avidez, en particular porque –rosario de anécdotas de todo tipo, presuntamente obra de su mano– la policía y el ejército han llegado a detener a menores de edad por leerlo, dado su contenido “subversivo”. Es inútil: los editores van a escuelas, encapuchados y armados, avisan a las autoridades y reparten el libro entre los niños. O dejan cajas abiertas en buses para que lo tome quien quiera. Definido por el mismo Nazario como “el diario de un idealista”, el texto acusa al presidente saliente Felipe Calderón de traicionar un acuerdo secreto. Pero son las anécdotas populares de su vida lo que atrae a los curiosos. Por si todo esto ya no fuera lo suficientemente literario, con “La Familia Michoacana” disminuida, una escisión del cartel, Los Caballeros Templarios o la Hermandad Templaria, ha declarado que luchará contra todos los grupos narcos y contra el gobierno corrupto. Y lo hará sin cometer crímenes como violaciones, secuestros, etc. Excepto, claro, el asesinato de sus rivales.