En Holanda, sobre las murallas del municipio de la ciudad de Gouda, está escrita la frase: “Audite et alteram partem”. O sea, “escucha incluso a la otra parte”. Lo que Ha-Joon Chang, profesor de Oxford, nos sugiere en Economics, the user’s guide es escuchar no a una, sino también a las otras ocho opiniones diferentes que suman –junto con la nuestra– las nueve escuelas económicas vigentes en el mundo moderno.

Chang nos recuerda que vivimos enamorados de nuestros modelos económicos favoritos. Y que eso resulta tonto. Nos ciega: quien tiene un martillo en la mano ve todo como un clavo. Es mejor, sugiere, pensar la realidad económica aceptando su complejidad, guardar el martillo y sacar la cortapluma suiza. Diferentes realidades necesitan diferentes  herramientas.

En un sentido más amplio, la meta de Chang es “mostrar cómo pensar, no qué pensar, acerca de la economía”. Y para lograrlo –dice– “tenemos que entender las diferentes teorías económicas en sus contextos correctos, lo que supone conocer cómo el capitalismo ha evolucionado”. Al hacerlo, lleno de humor e ironía, establece que “no hay verdades objetivas en las ciencias económicas que puedan ser establecidas independientemente de los juicios políticos”, y frecuentemente morales, que las sustentan. Pero que lo anterior no significa que todo dé lo mismo.

Un ejemplo: enfocarse en las personas solo como ‘consumidores’ y olvidar que también somos ‘productores’, ha llevado a no dar importancia a temas como la calidad del trabajo y la relación entre trabajo y vida, los que inciden directamente en la productividad.

Nuestros prejuicios invisibilizan muchos elefantes. Chang señala que la Escuela Conductista “alguna vez estimó que solo el 20% de la economía de EE.UU. se organiza a través del mercado”. Es así como en muchos análisis no se toma en cuenta que los movimientos de capital y toma de decisiones dentro de empresas oligopólicas u oligopsónicas, con cientos de miles de empleados, operando en decenas de países, se organizan por criterios muy alejados de los sistemas de precios libres.

Pero el trabajo del economista surcoreano no es ni un libro de historia económica ni uno de crítica del estado actual de la economía global, es un manual donde, con una prosa clara, precisa y entretenida, define los elementos básicos de toda economía moderna. Su objetivo declarado es convertir a sus lectores en “ciudadanos económicos activos”, porque –parafraseando a John F. Kennedy– “la economía es demasiado importante para dejársela a los economistas profesionales”, siempre tentados de caer en la megalomanía de explicarlo todo con dos o tres dogmas. Hacerlo no es fácil –reconoce al concluir–, pero le pide a quien lo lee: “Por favor, dese una oportunidad”. El premio es ser libres de la ignorancia propia y la soberbia ajena.