Durante enero la noticia se dispersó por las redes sociales al modo viral que tanto se celebra: cerca de 50 madres de la etnia mexicana tarahumara (o rarámuri) se habían suicidado en conjunto, lanzándose a un risco o ahorcándose, al no poder alimentar a sus hijos. La causa es la falta de alimentos que provoca la sequía que se abate sobre el norte de México. De inmediato, privados e instituciones se pusieron a preparar paquetes de ayuda. A poco aparecieron los desmentidos. “Los jesuitas tenemos una historia de casi 400 años trabajando en el área y podemos decir que, en la visión de mundo de los tarahumaras, el suicidio no es una opción”, declaró el padre Guadalupe Gasca al Native American Times, desde la Clínica Teresita que atiende a los indígenas en la localidad de Creel, Chihuahua.

Pero el sacerdote confirmó que la crisis alimentaria existe: sólo el año pasado su centro trató 250 niños tarahumaras por desnutrición. La responsable es la sequía. “Siempre ha habido ciclos climáticos, pero ahora se están haciendo más frecuentes y más severos”, explicó.
El efecto La Niña ya impactó en la producción de azúcar mexicana, lo que hará que el país exporte sólo 800.000 toneladas a EE.UU., a diferencia de 1.420.100 toneladas que vendió en 2011. En Argentina, el mate, tabaco y té han sido golpeados por la falta de agua en el norte tropical, y el maíz tiene rendimientos a la baja en el centro. El segundo exportador de ese grano en el mundo, en vez de 30 millones de toneladas produciría alrededor de 22 millones.

En Colombia no ha sido la sequía, sino el exceso de agua lo que provocó deslizamientos e impulsó las plagas, lo que llevó a que la cosecha final de café haya sido la menor en 35 años: 7,81 millones de sacos. Pero la región no está sola: el suroeste de EE.UU. está afectado por el peor receso hídrico en décadas. La sequía arruinó las pasturas y ha hecho que se dispare el precio de la carne vacuna, afectando la rentabilidad de envasadores como Cargill y la brasileña JBS.