En 2011 el enfrentamiento entre Televisa y TV Azteca con el multimillonario Carlos Slim llevó a que este último dejase de poner anuncios publicitarios de sus empresas en esas compañías. Alfonso de Angoitia, vicepresidente ejecutivo de Grupo Televisa, les dijo a sus inversionistas que Grupo Carso representaba menos del 1,5% del total de los ingresos consolidados de la televisora. Dos años después parece que la presión de Slim se le ha vuelto en contra. Su vocero, Arturo Elías Ayub, confesó que ahora son las televisoras las que no quieren venderles publicidad.

El trasfondo de esta batalla tiene su origen en la pretensión de Slim de entrar al negocio de la televisión abierta en México, dominado por Emilio Azcárraga (Televisa) y Ricardo Salinas Pliego (TV Azteca). Éstos han presionado hasta donde lo permiten sus abogados y poder de lobby para impedir que el hombre más rico del mundo les arrebate no un trozo, sino el pastel entero. Como sea, el magnate logró un sucedáneo: su canal UnoTV  transmite por medio de Internet y compró el 30% de dos equipos de fútbol para asegurarse los derechos de transmisión en un país donde todos los partidos se ven en TV. Aprendiendo del pasado y en plan de no dejar flanco libre, en enero Slim pagó US$ 131,3 millones por la totalidad del paquete accionario de la empresa Corporación de Medios Integrales (CMI), dueña de derechos de  publicidad en aeropuertos, sistemas de transporte público, espacios urbanos, salas de cine, centros comerciales y…estadios de fútbol.