Ser católico en China no es nada fácil. Más simple es ganar mucho dinero con el catolicismo. Y si de ello se trata, el mercado más populoso es Brasil. Esto explica por qué en los puertos del gigante sudamericano se apilan containers repletos de imágenes de Nuestra Señora Aparecida, la patrona del país verde amarelo, fabricadas en China. En este caso, los productores locales de las figuras no encuentran nada milagroso a los precios de su competencia con certeza sintoísta o atea. Si bien todavía no llevaron oficialmente el asunto al Ministerio de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, cuando lo hagan será un capítulo más en las disputas comerciales entre las industrias de los dos países. Según Roberto Lerner Barth, presidente de la CDIB (Comisión de Defensa de la Industria Brasileña), China tiene perfectamente organizadas varias estrategias de competencia desleal. Una es la centrada en crear declaraciones de origen falsas. Así, para evitar que se les aplique tasa antidumping, los productos chinos son enviados a países como India y Malasia, donde obtienen un nuevo certificado de procedencia, y escapan a la sobretasa impuesta por Brasil. Se anticipan turbulencias: “El gobierno ya sabe cuáles son los productos sensibles a ese tipo de acción y está monitoreando sus importaciones”. O apariciones.