A lo largo de la historia de Estados Unidos las rivalidades tradicionalmente se han definido entre el Norte y el Sur. Una rivalidad económica y política que desembocó en una sangrienta guerra civil. En otro plano se ubicó la rivalidad entre la costa Oeste y la del Este por la supremacía cultural, académica y científica, por atraer los mejores músicos, artistas y chefs.

Esta última rivalidad ha adquirido otro matiz en los últimos años, en momentos en que la costa Este de Estados Unidos se apresta a competir con la del Oeste para convertirse en el punto de ingreso del lucrativo comercio asiático.

¿El detonante? La esperada expansión del Canal de Panamá, proyecto que podría terminar inclinando la balanza hacia uno de los dos bandos.

La ampliación, a un costo de más de US$ 5.000 millones, tiene a los directivos de los puertos de la costa Este y del Golfo destapando botellas de champaña. Tienen motivos para  anticipar grandes beneficios que obtendrían si los buques de carga de gran tamaño, que antes debían quedarse en el Pacífico debido a las limitaciones del canal, logran finalmente atracar en sus puertos.

Y desde ya el puerto de Miami, que bien ha sabido explotar su posición geográfica para convertirse en el puente de las Américas, está preparándose para explotar esta nueva oportunidad, invirtiendo más de US$ 2.000 millones  en mejorar sus instalaciones.

“Mis amigos, el reloj no se detiene. Nosotros estaremos listos para aprovechar las oportunidades del incremento del comercio asiático, como el primer puerto de escala tanto para los contenedores que ingresen como para los que salgan”, enfatiza el director del puerto de Miami, Bill Johnson, en el informe anual de esa entidad.

En poco más de dos años, un Canal de Panamá más amplio y profundo les podría dar a las compañías marítimas opciones menos costosas para todas las rutas acuáticas de los puertos de la costa Este. “Y tal vez adelante a toda velocidad nuestro ‘mantra’ en el puerto de Miami”, resalta Johnson.

Para el puerto de Miami, los preparativos emprendidos constituyen uno de los más ambiciosos programas de inversión a lo largo de su historia.  Una vez concluidos le permitirán al puerto concretar un objetivo ambicioso: recibir a los voluminosos barcos Post-Panamax, que previamente atracaban exclusivamente en la soledada California.

“Cuando el Canal de Panamá permita un mayor acceso a las rutas que vienen de Asia hacia la costa Este de Estados Unidos seremos beneficiados totalmente. Esperamos recibir e incrementar la carga”, señala el subdirector del puerto de Miami, Juan Kuryla.

Pero las consecuencias positivas de la expansión del Canal de Panamá no sólo le darían más fuerza al puerto. El beneficio también sería para toda la economía del estado de Florida, donde diversas estimaciones auguran la generación de más de 30.000 nuevos empleos.

Según las proyecciones del puerto, la expansión del Canal de Panamá le permitirá duplicar su carga en cuestión de siete u ocho años, llevándola desde los actuales 900.000 TEU (contenedores de 20 pies) a entre 1,8 millón y 2 millones de TEU anualmente. Sin embargo, todo esto requerirá de ciertas reformas para estar en condiciones de recibir este incremento.

LLEGAN LAS GRÚAS

Para poder hacer frente al aumento de carga que se podría dar en los próximos años, el puerto de Miami ya inició las obras de una serie de proyectos que incluyen la construcción de un túnel que conectará las instalaciones portuarias con el sistema nacional de carreteras, “sin parada en algún semáforo”. Según Kuryla, este acceso directo debería estar listo a comienzos de 2014, un año antes que finalice la expansión del canal.

La construcción de este proyecto ya está siendo llevada a cabo junto con el Departamento de Transporte del estado de Florida por un monto de casi US$ 900 millones. En el paisaje urbano ya se ha hecho famosa “Harriet”, la gigantesca máquina excavadora, que tiene ya bastante adelantado su trabajo luego de perforar la primera parte de lo que serán las dos cámaras subterráneas.

Otro de los proyectos que están en marcha son las tareas de dragado para que el puerto tenga un calado de 15,2 metros. Esto le permitiría ser el “único al sur de Virginia con este tipo de profundidad”. Además, la adquisición de cuatro grúas más, las llamadas Súper Post-Panamax, harán posible la carga y descarga de grandes embarcaciones marítimas.

Adicionalmente, el proyecto local también incluye el desarrollo de una línea ferroviaria en sociedad con Florida East Coast Railway (FEC) por US$ 50 millones para movilizar la carga desde Miami a Jacksonville, en el norte de Florida. “Con esto vamos a tener la capacidad para llevar contenedores hacia otras ciudades y vamos a poder transportar carga para el 70% de la población de EE.UU. en menos de cuatro días”, dice Kuryla.

Con este escenario, la preocupación de los funcionarios de puertos y líderes empresariales de la costa Oeste pareciera tener asidero.

”Si estuviera manejando un puerto en esta zona estaría alerta, pues la expansión del canal podría beneficiar muchísimo al puerto de Miami y a otros puertos de esta costa”, expresa Kuryla.

California está dispuesta a dar la gran batalla ante la posibilidad de que los grandes cargueros que cruzan el Pacífico atraquen en los puertos de la costa Este y del Golfo. Por eso lanzó una agresiva campaña  llamada “Beat the Canal”, para que todo el sector portuario mejore la competitividad y esté preparado para asumir el reto de lo que significará un canal ampliado y puertos del Este dispuestos a disputarles esa carga.

La iniciativa, de Jobs 1st Alliance,  señala que “nosotros no queremos que la carga se desvíe hacia otros puertos y zonas a causa de la incertidumbre o duda sobre nuestra disposición para hacer frente a este desafío. Ninguna de las partes interesadas puede o debe librar esta batalla sola. Todos deben trabajar juntos”.