Con el consenso de Washington por los suelos, la secretaria ejecutiva de Cepal, Alicia Bárcena, ha logrado posicionar al organismo en el debate sobre las políticas públicas para enfrentar el complejo escenario económico mundial. Conversando con AméricaEconomía planteó que están las condiciones para imponer un impuesto a las transacciones financieras globales, y que la flexibilidad laboral no es el camino para que la región logre una mayor productividad.

El tema del impuesto a las transacciones ha retomado fuerza en la actual coyuntura. ¿Cómo lo ve Cepal? ¿Qué podría lograr América Latina si adoptara este tipo de política?

A nosotros nos parece que el momento es muy oportuno para hablar. Merkel y Sarkozy lo han mencionado también. No solamente es importante hablar de un impuesto a las transacciones financieras y a los capitales que entran, sino también a los capitales que salen. Esto es muy interesante porque beneficiaría mucho, por ejemplo, a estabilizar la economía en Europa o a EE.UU., donde muchos hedge funds buscan mejores ganancias por el diferencial de tasas de interés. Hemos calculado que si aplicáramos una tasa de 0,05% realmente habría una capacidad de recaudación de alrededor de US$ 600.000 millones, de los cuales unos US$ 35.000 millones podrían llegar a la región.

Pero es la clase de decisión que requiere coordinación regional.

Requiere de una decisión global. Creemos que no solamente se deben tasar las transacciones financieras europeas y que la recaudación se quede en Europa. Pensamos que tiene que tener una distribución equitativa y simétrica. Creemos que es posible, que es técnicamente viable, que se requiere de decisiones políticas para hacerlo.

Respecto de la apreciación de las monedas, ¿cómo podemos enfrentarla como región?

Es muy preocupante. Los únicos países que han podido resistir la apreciación cambiaria han sido Perú, Panamá, Nicaragua y Argentina. Creo que esto pasa por un conjunto de políticas. No tenemos la receta ni nadie la tiene. En el fondo estamos hablando de que haya políticas muy claras en relación al control de la inflación. El control de la inflación es importante en su relación con el producto. Creo que nosotros podríamos tener una mirada más amplia de la inflación, en el sentido de no rebasar nunca el dígito, pero con una relación más directa con el crecimiento y con un parámetro fundamental que es la inversión. No solamente la inversión pública, sino también la privada. Éste es el gran parámetro del que nuestra macroeconomía debiera preocuparse. Cómo instalamos en América Latina una tendencia a mayor inversión productiva. Voy a poner por ejemplo lo que está haciendo Brasil: ha puesto en marcha el Plan Brasil Mayor, que en realidad es un plan para 2011-2014 que integra por lo menos la política industrial, la tecnológica, la de servicios y la comercial. Lo que busca es estimular la innovación y la competitividad industrial en el mercado interno y externo. Hay quienes van a decir que Brasil se está moviendo hacia una dinámica proteccionista, pero yo creo que lo que Brasil está tratando de hacer es defenderse de esta apreciación cambiaria y darles un alivio, por ejemplo, tributario, a sus exportadores. Un país que tiene un banco nacional de desarrollo, que tiene una política industrial explícita y una serie de empresas que puede encadenar, pues sí puede hacer este tipo de planes. Hay otros que no.

No hay una receta única frente a la apreciación, pero no hay duda de que pasa por fortalecer la productividad, la competitividad, por potenciar el mercado interno, y si no lo podemos hacer país por país, al menos sí deberíamos movernos hacia un mercado intrarregional. Creo que es muy importante que América Latina se organice mejor para consolidar un mercado intraindustrial y que esas ganancias de competitividad no sigan saliendo de la región y se distribuyan entre los actores productivos, empezando por los trabajadores.

Una de las regiones que más han avanzado en este sentido es Centroamérica. ¿A qué lo atribuye?

Lo que pasa es que América Central tiene un mercado único. Ellos han logrado una integración más profunda en energía y en infraestructura. En toda la región y en todo el mundo el comercio ha ido cambiando de naturaleza. Cada día más está formado por insumos más que por productos finales, y es como se van formando hoy las cadenas de valor. Asia Pacífico, por ejemplo, tiene un comercio intrarregional de un 46%, América Latina en promedio tiene 17% y América Central 30%. Uno de los temas interesantes en América Central es la ampliación del Canal de Panamá, que va a ser uno de los factores de dinamismo más importantes de la región.

Para ustedes la productividad no debe basarse en la flexibilidad laboral. ¿Por qué?

Por varias razones. En Brasil, Argentina y Uruguay se ha optado por tener una política de salario mínimo que va aumentando en función del crecimiento económico. Y la previsión social acompaña, es decir, el empleo con derechos. Para nosotros la competitividad basada en bajos salarios y precariedad laboral es una competitividad espuria, porque estamos explotando al recurso humano y a los recursos naturales y no estamos logrando que las ganancias de productividad se distribuyan entre nuestra región. Si nosotros continuamos exportando recursos naturales a base de precariedad laboral, ¿qué estamos haciendo? Estamos exportando las ganancias de productividad. Una forma de apropiarnos de las ganancias de productividad es a través del mercado laboral. Al final queremos una sociedad más equitativa, que tenga acceso a la educación, a la salud. Por eso necesitamos un mejor Estado, más eficaz y más eficiente, que garantice esto.

La estructura demográfica de la región está evolucionando hacia el envejecimiento de la población. ¿Cómo entra esta variable en el análisis anterior?

Si nosotros garantizamos el empleo con derechos, lo que estamos garantizando es el futuro. Una sociedad que nos lleva la delantera es Uruguay, y hoy las negociaciones son cuatripartitas: trabajadores, empleadores, Estado… y jubilados. ¿Por qué? Porque los jubilados juegan un papel muy importante, son la mayoría allá. Hay países que todavía tienen ventana demográfica. Y esto significa que la sociedad tiene la posibilidad de invertir en los que tienen entre 15 años y 30 ahora. En darles educación y empleo con derechos. ¿Para qué? Para que tengan cobertura de seguridad social en el futuro. ¿Qué vamos a hacer con todos los precarios que han surgido en la década de los 90? Pues es lo que estamos viviendo ahora, la crisis de los sistemas de previsión social y de la economía del cuidado. ¿Quién está absorbiendo los costos de la economía del cuidado? Francamente, las mujeres. Porque son las que están destinando su vida y su tiempo a cuidar a los viejitos, como antes cuidaban a los niños, sin remuneración. Ese costo lo está asumiendo la mitad de la población, y con costos, porque si la mujer entrara al mercado laboral, abriría espacios de productividad adicionales. Ése es un ejemplo concreto. Prepararse en materia del mercado laboral, de la productividad y de la previsión social es un gran tema. Países como Chile deben prepararse ahora. Uruguay, Argentina y Brasil sí se están preparando de manera interesante para la transición demográfica.