La audacia del Plan de Negocios actualizado que la petrolera de Brasil lanzó en junio no dejó dudas de que ya es una compañía que juega en la primera división mundial de la industria. Según la presidenta de la compañía, Maria das Graças Foster, se invertirán casi 130 millones de dólares al día por cinco años. Esto es US$11.000 millones más que en la versión anterior (el plan 2011-2015). Curiosamente, con tal aumento no conseguirá más, sino menos, ya que la compañía ha tenido que recortar sus ambiciones, ante el aumento del costo básico para desarrollar los recursos que posee costa afuera.

Pero Foster no las tendrá fácil. Ese nivel de inversión supone que la presidenta Dilma Rousseff le permita un reajuste en los precios internos de todos los combustibles. Del lado de Foster se encuentran la mayoría de los analistas del sector, que han expresado preocupación acerca del posible incumplimiento de las ambiciosas metas de inversión sin elevar los precios de los combustibles. Una de las razones principales es que la compañía no podrá mantener el tranco de su aumento de la deuda neta, si  no puede obligar a los consumidores a pagar parte de la inversión vía el aumento de precios. Cabe resaltar que ésta subió casi US$20.000 millones en 2009, luego saltó a US$27.000 millones en 2010 y para descender a 19.000 millones de dólares en 2011. Por ahora, pese a los fuertes aumentos de los precios globales del crudo, el gobierno ha impedido que Petrobras suba los costos mayoristas de la gasolina, el diésel y el gas desde 2008, pues mantener esos precios es parte de su política anti inflacionaria.