La fachada del Zócalo se transformó en templo azteca, en tapiz de palabras y en mural de Rivera. Letras enormes formaron la frase ¡Viva México! No, no era una alucinación colectiva, sino un espectáculo pirotécnico-multimedia para celebrar el bicentenario de la independencia. Como otros gobiernos de la región (Chile, Colombia y Argentina), el Ejecutivo mexicano apostó por utilizar su edificio más emblemático como materia prima para instalar una nueva narrativa nacional en las masas.

¿Qué las distingue unas de otras? Básicamente lo que omiten. México vive la peor guerra interna en más de un siglo. En Argentina, hay 27 bancadas en el Congreso; el gobierno esta en guerra contra los medios y el país, a casi 10 años del default, aún no tiene grado de inversión. Todavía hay colombianos secuestrados y decenas de miles de desplazados. En Chile los indígenas reclaman in extremis por sus derechos y la pobreza ha aumentado.

Pero el Palacio de la Moneda en Santiago se cubrió de medusas, ballenas y vegetación, de un rojo ominoso, mientras la voz de Pablo Neruda evocaba el poder sanador del amor y Violeta Parra daba gracias a la vida. Visiblemente, el presidente Sebastián Piñera ha querido darle a su gobierno el sello fundacional de una derecha democrática y con mirada de futuro, capaz de sanar las heridas del pasado. Su homólogo colombiano apostó por la biodiversidad, el tecnovallenato y los niños, y Cristina Fernández, por el peronismo duro: Perón y Evita, los golpes militares de los 60, las bravatas de Galtieri, las madres de la Plaza de Mayo y el Nunca Más de Alfonsín, proyectados sobre la fachada del Cabildo, edificio colonial donde se firmó la independencia del país.

Hace algunos años el periodista español Miguel Ángel Bastinier temía que los bicentenarios latinoamericanos se conmemorasen “con seguras estridencias antiespañolas en todo el continente” (El País, 11/09/08). Nada de eso ocurrió, al menos en los actos oficiales. Alguna banderita en el capítulo padres de la patria (en el caso chileno, una breve aparición del rey Borbón Fernando VII, nada que le pueda herir a un lector de El País).

Por el contrario, los gobiernos aprovecharon la ocasión para renovar la alianza entre los ciudadanos y sus símbolos, la bandera nacional, el himno patrio en clave postmoderna, la mezcla de razas a través de la iconografía y el patrimonio cultural. Las tecnologías digitales permiten llevar estos imaginarios a su máximo potencial y se dirigen hacia un espectador nutrido por horas diarias de internet, televisión por cable y publicidad: el medio es el mensaje. En este contexto los productores mexicanos optaron por lo plástico y los colombianos, por la velocidad; los argentinos, por lo histórico-mediático para recordar el horrible pasado y los franceses contratados por el gobierno chileno, por la poesía y el humor popular para sanar heridas.

El único gobernante que descartó los encandilamientos de la Babilonia digital fue Hugo Chávez. ¿Contratar a Silicon Valley? ¡Jamás! El presidente venezolano optó, en cambio, por un tradicional desfile militar a plena luz del día, con tropas especiales, arengas socialistas y antiimperialistas. Después de su discurso de rigor, los guerreros bolivarianos trotaron con el rostro pintado y sus ametralladoras en ristre, en una especie de siglo XX recargado.

Son signos de los tiempos. Habrá que ver qué harán los demás gobiernos latinoamericanos con bicentenarios ad portas. A Paraguay le toca el próximo año, a Perú le quedan 11 y a Brasil da lo mismo: el 7ç de septiembre suele ser un feriado como cualquier otro, igual que el 15 de noviembre, día de la república. Más importancia le darán, sin duda, a la Copa del Mundo de 2014.