Bolivia fue incluida en la ruta del París-Dakar 2014. Resultó fundamental la visita que el presidente de ese país, Evo Morales, hizo a los organizadores del evento a mediados de marzo pasado. “Esperamos que ellos decidan tras esta reunión que mantuvimos en París”, dijo entonces el mandatario.

Cuando, días más tarde, se anunció el trazado de la ruta, Morales pudo sonreír. Pero no totalmente. Sólo las motos y cuadrimotos correrán en enero por la nación altiplánica (desde la argentina Salta rumbo a Potosí y el Salar de Uyuni, para bajar a Chile desde allí). Etienne Lavigne, titular de la organización de la competencia, fue claro: “Es más fácil (en Bolivia) conseguir que pasen las motos que la sumatoria de toda la caravana. Las carreteras no son siempre transitables para los autos, pero sí para las motocicletas”.

De todas formas, dice el ministro boliviano de la Presidencia,  Juan Ramón Quintana, “el Dakar simplifica la exposición planetaria de Bolivia con la marca país”. Y ello implica un incremento, posterior de viajeros a zonas a la zona que atravesará el rally, donde “se encuentran algunas de las riquezas turísticas de Bolivia, como los hoteles de sal, la ruta de la quínoa y la ciudad de piedra: una especie de sedimento geológico de millones de años que se ha convertido en una especie de ciudad monumental de piedra a lo largo de 30 kilómetros”.

En cambio, hubo caras largas en Perú, punto de largada de la última edición y que ahora quedó totalmente ausente de la carrera. Lavigne dijo comprender la decepción, “pero se trata de un país súper interesante con territorios magníficos: su ausencia en 2014 es, sobre todo, una promesa de volver a estar con nosotros”.  De hecho, en octubre se realizará la carrera local, “El Desafío Inca”, una versión de los Rally Dakar Series.

En Chile, en cambio, el alma volvió al cuerpo al confirmarse que la meta de la carrera estará en el puerto de Valparaíso. Ello porque se rumoreaba que la organización estaba molesta por la presunta actitud amateur de las autoridades chilenas cuando el evento culminó en Santiago el verano recién pasado. En los números, la carrera posee un impacto nada menor en muchas de las localidades por las que pasa. Sólo en Argentina, en la última edición, se calcula que más de un millón de personas se movilizaron para ver la carrera y el evento dejó ingresos por cerca de US$ 110 millones.