En los nueve primeros meses de este año el crecimiento de China llegó a un 7,4%.

Aunque excelente para cualquier país del planeta, en la “locomotora china” la cifra se considera escasa y envía efectos sísmicos que afectan a economías tan lejanas como las de Perú, Chile y Argentina. Hace tres años (ver cuadro) el banco global HSBC calculó el impacto real en el crecimiento de varias economías de América Latina por cada punto de descenso del PIB chino.

En el caso chileno, el país más dependiente de China, el impacto es de 0,34%. Eso significa que si China este año creciera 10,4%, tres puntos por encima del pronosticado 7,4% por el FMI, Chile crecería este año 3,4% en vez del 2,2% que le pronostica el Fondo Monetario.

Y si China creciera al 4% que le está pronosticando como promedio anual futuro un estudio del ex presidente de Harvard Larry Summers, la economía chilena bajaría este año a un 1% de crecimiento en vez del 2,2% que le pronostica el FMI.

Así, por ejemplo, si tomamos que la expectativa de crecimiento en 2014 de la economía chilena es del 2% (según el FMI), si China creciera al 10,3% (cifra de 2010) y no al 7,4%, el impacto de la diferencia, 0,98%, elevaría a un 2,98% la expansión chilena. Yendo a Perú, el FMI estima que este año desacelerará a 3,6%. Si el crecimiento del país asiático igualase al ya citado de 2010, la economía peruana habría caído sólo a un 4,3%. Ahora, si la relación de impacto se mantuviera y China hubiera crecido a un 4% anual (como se anticipa que podría ocurrir pronto), Chile perdería -teóricamente- un 1,19% de su 2%. Aún así, lo cierto es que las naciones son dinámicas crecen de manera multicausal. Pero quizás haya que agradecer la moderación de la “droga china”. Nunca fue bueno tener tantos huevos en una misma canasta.

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