Hay rockeros que quisieron cambiar el mundo para mejor. Sus críticos suelen burlarse recordando el caso de bandas como Plastic People of the Universe o The Pinochet Boys: lo único que lograron fue incomodar a funcionarios de las dictaduras de Checoslovaquia y Chile. Sin embargo, las noticias de la defunción del rock como herramienta de cambio han sido exageradas. De hecho, el actual ministro de Educación de Australia (y ex ministro de Medio Ambiente) es Peter Garret, líder de la banda Midnight Oil, de fama mundial por su sencillo The beds are burning, la cual denunciaba los abusos de la minería en ese país.

El área de recursos naturales también es el terreno en el que Bono, el líder de U2, ha logrado resultados concretos. La campaña Publish What You Pay está detrás de la recientemente aprobada Enmienda Cardin-Lugar, en EE.UU., que obliga a todas las compañías registradas en la Bolsa de Nueva York a informar públicamente los pagos a los gobiernos de países en que operan. Las petroleras y mineras han sido las más cuestionadas a este respecto. Pero el músico quiere más: que la Unión Europea y el G20 implementen la misma política.

“Nosotros estamos reclamando por una mayor transparencia en la manera que se hacen los acuerdos”, dice Oliver Buston, coordinador de ONE, la organización sin fines de lucro cofundada por Bono. “No más acuerdos secretos que benefician a un pequeño grupo de elites en el país receptor de la inversión y compañías extranjeras de Europa, EE.UU., China o cualquier país que explota los recursos”.

Buston afirma que miembros del G-20, Argentina, Brasil y México son focos particularmente importantes de esta campaña. Es una de las razones por las cuales Bono, en la reciente gira de U2 por la región, una vez apagados los flashes de los fotógrafos, se reunió extensivamente con Dilma Rousseff y Cristina Fernández de Kirchner. Pero no sólo por eso. “Cuando nos reunimos con los líderes políticos de esos países les pedimos que no se olviden de aquellos que todavía no tienen un asiento en esa mesa”, dice Buston. 

ONE, hay que decirlo, no se trata de cuatro o cinco personas del séquito de U2; posee un staff de 120 integrantes, en su gran parte activistas, expertos en políticas públicas y medios de comunicación con base en siete países. Sus costos operativos en 2010 ascendieron a US$ 22,9 millones. En la gira latina los shows de la banda sirvieron para reclutar 42.000 nuevos voluntarios. Buston sostiene que se financian con dinero de fundaciones y filántropos: “el más grande de los cuales es la Fundación de Bill y Melinda Gates”, dice. Pero ONE no sólo viene a Latinoamérica a propulsar sus proyectos, sino también a buscar ideas. “En las últimas semanas hemos escuchado y aprendido mucho en Argentina, Brasil y Chile: hemos sido particularmente inspirados por algunos de los grandes actores de la sociedad civil con los que nos encontramos”. Uno de ellos ha sido Ficha Limpia, la campaña brasileña para impedir que convictos por delitos de corrupción puedan ser nuevamente elegidos para cargos oficiales. Buston explica que en Brasil les interesan muchas acciones como la operación de Bolsa Familia, que se puedan compartir con otros países. “La experiencia de Brasil en agricultura subtropical de pequeña escala provee de lecciones valiosas para los países subtropicales de África”, dice.