Unos que sí están ganando con el desastre petrolero de BP en el golfo son los ecologistas mexicanos y quienes defienden los biocombustibles en ese país. Un paso muy grande lo dio la paraestatal Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), ente encargado de suministrar el combustible en la mayoría de los aeropuertos del país. De la mano de la gigante aeroespacial Boeing, han puesto en marcha un proyecto que pretende la sustitución del 1% de los hidrocarburos en los aeropuertos de México para 2015, equivalentes a 40 millones de litros anuales, y llegar al 15% para el 2020, con más de 700 millones de litros. El desafío mayor no obstante está en producir biocombustible localmente, pero sin afectar el precio de los alimentos, algo que ya ha sucedido fuertemente con el maíz en México. “Por ello, usaremos biocombustibles de segunda generación, aquellos que no son obtenidos de cultivos agrícolas”, dice Matt Rudolf, Gerente Regional para las Américas de la Mesa Redonda sobre Biocombustibles Sustentables (RSB), institución que apoya la iniciativa.

En el caso mexicano se planea experimentar con los cultivos de jatrofa, una planta tropical de distribución muy extendida que produce nueces muy ricas en aceite y que no se comercializa con fines alimentarios. Además, aseguran, requieren menor superficie de cultivo y pueden ser regados prácticamente con cualquier tipo de agua. Otro punto a favor, según explica Alejandro Ríos Galván, Director de Operaciones de ASA, es que este tipo de biocombustibles puede ser usado por cualquier aeronave sin necesidad de modificar los motores.

Boeing escogió México justamente por su retraso en el área de los biocombustibles. “Brasil o Estados Unidos empezaron en la época en que no había conciencia de la biosustentabilidad y apostaron por los productos agrícolas para producir etanol”, dice Darrin Morgan, Director de Estrategia de biocombustibles sustentables para Boeing Commercial Airplane. “México puede partir con los pasos correctos”.