Ciudad de México. “Quiero que nos convirtamos en la compañía más querida del mercado asegurador en México”, ha dicho Carmina Abad.

Aunque el símbolo de la empresa sea la entrañable mascota de Charlie Brown, no es un reto menor. Abad, formada en la UNAM y con postgrado en Alta Dirección en el IPADE, conoce la compañía desde principios de los años 90, cuando se llamaba Aseguradora Génesis, antes de ser adquirida por el gigante estadounidense MetLife. Eran los años en que el sector financiero mexicano recién salía de la debacle de los años 80.

Nº 5

En 2002, después de dos años como directora de Negocios Institucionales de MetLife en España, regresó a México para participar de la fusión de la filial mexicana del gigante estadounidense con la Aseguradora Hidalgo. Era la primera privatización del gobierno de Vicente Fox, y no fue fácil. El gobierno poseía 74,5% del capital y los resultados eran malos, con pérdidas por casi US$ 1.000 millones en 2001. Para colmo, se descubrió que las cifras de los asegurados habían sido infladas en más de cinco millones de cuentas fantasmas.

En ocho años este panorama ha cambiado. Al primer trimestre de 2010, MetLife México administra activos por US$ 8.451 millones y obtuvo utilidades por US$ 31 millones. Según las últimas cifras de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, su participación de mercado asciende a 17,7%, e incluye seguros de vida, gastos médicos, autos y daños. En los seguros de vida domina más de un tercio del mercado.

En México la penetración de la banca y los seguros sigue siendo baja en relación a los estándares de los países de la OCDE. De ahí la importancia de los contratos colectivos. Al terminar la fusión con Aseguradora Hidalgo, en junio de 2005, Abad fue nombrada vicepresidenta de Negocios con el gobierno. Su responsabilidad incluía también contratos individuales vía descuento por nómina, la mayor cartera de esta línea de negocio existente en el mercado mexicano.

En febrero de 2009 fue nombrada vicepresidenta de Operación y Negocios de MetLife México y, al año siguiente, asumió la dirección general. Ninguna mujer ha ocupado antes semejante cargo en el mercado asegurador mexicano.

Acostumbrada a una industria donde el litigio es un hecho de la vida, ha debido enfrentar una demanda interpuesta a fines de 2009 por Wal-Mart contra los responsables de un sobreprecio de casi US$ 10 millones por pólizas contratadas para sus ejecutivos entre 2002 y 2006. El hecho involucra a dos ejecutivos de la cadena de retail y a un contador de MetLife, pero no a la empresa como tal.

El próximo desafío de Abad será aplicar en México la fusión con Alico, una empresa estadounidense con 20 millones de asegurados a nivel mundial y que MetLife adquirió en US$ 15.500 millones, en el contexto de la reestructuración del gigante de seguros AIG tras su colapso en septiembre de 2008.

“Haremos una fusión transparente”, ha asegurado la ejecutiva. A pesar de tener una baja participación de mercado en México (Alico factura unos US$ 150 millones al año en ese país,) Abad espera que esas operaciones contribuyan a reforzar la posición de mercado de MetLife.

¿Hay espacio para crecer sin adquirir otras compañías? Abad y sus cercanos creen que sí. Calidad de servicio y valor agregado a los clientes serán el foco. “Es una meta ambiciosa, pero Carmina está encaminando la empresa hacia ese rumbo”, señala Raúl González, director de marketing de MetLife México y conocedor del estilo de Abad desde los tiempos pioneros de Génesis.