“Por mi dinero he tenido la ventaja de reunirme con políticos, actrices (no sólo de Colombia), ministros, alcaldes, gobernadores, militares, paracos, guerrilleros civiles, con todo tipo de gente, y aprendí que con quienes debo ser más desconfiado es con los personajes de la política”. Este extracto del diario del capo del narcotráfico Juan Carlos Ramírez, alias “Chupeta”, hizo que muchos se sonrojaran en Colombia. Otros, en cambio, miraron hacia arriba, distraídos. Pero es casi la guinda sincera y colorida del postre. En el texto los ex fiscales Luis Camilo Osorio y Carlos Alonso Lucio, esposo de la también ex fiscal Vivian Morales, aparecen junto a 16 generales del ejército y la policía, tres almirantes, siete coroneles, y dos capitanes de fragata, como supuestos colaboradores del traficante.

A lo anterior se suma la extradición a Estados Unidos del general retirado de la policía Mauricio Santoyo, quien fuera jefe de seguridad del ex presidente Álvaro Uribe, por supuestos vínculos con el narcotráfico y la llamada organización delincuencial “Oficina de Envigado”. Es el epílogo de una serie de revelaciones que se vienen conociendo desde hace varios años, de los fuertes vínculos no sólo de la clase política, sino que la empresarial y de la fuerza pública con la mafia y el crimen organizado.

Para el investigador Ariel Ávila, de la Fundación Nuevo Arco Iris, ocurre que los narcotraficantes entendieron que no es posible ganarle la guerra al Estado y que es mejor trabajar de mano de la institucionalidad. Así es como “México está viviendo la etapa de Escobar Gaviria, pero en unos cuatro o cinco años, los carteles mexicanos van a entender que no van a ganar la guerra contra el Estado y van a aliarse con él”, dice. Según Iván Cepeda, congresista del Polo Democrático, la corrupción del narcotráfico en Colombia puede ser mayor que la del país azteca, porque está mimetizada. “Sólo a partir de decisiones, como de extraditar a Santoyo, se evidencia que el narcotráfico ha tenido un gigantesco organigrama a la sombra”. No hay duda de que “ha estado cobijado, tolerado y auspiciado incluso por altos mandos militares, miembros de la clase política, por empresarios y sectores del sector financiero”, asegura.