-¿Cuál es su diagnóstico de la situación actual de la OMC?

-Yo creo que para México y para el mundo es fundamental que la OMC continúe siendo una organización relevante. Creo que ha sido un gran activo durante estos años de crisis generalizada, donde los países comienzan a proteger su mercado para evitar una crisis mayor y al final terminan agudizándola. La OMC jugó un papel central para que no sucediera. Sin embargo, y paradójicamente, se la ve como una organización en crisis y en cierta forma lo está, pese a ser, entre las organizaciones multilaterales, una de las que mejor funcionan.

-¿Entonces por qué la crisis?

-La crisis consiste en que hace doce años se lanzó un paquete de negociaciones para bajar aranceles de productos industriales y agrícolas, para eliminar subsidios a la exportación agrícola, para mejorar el sistema de resolución de controversias y un montón de otros temas, conocido como la Ronda de Doha. Entonces la pregunta es: ¿cómo es posible que los miembros de la OMC y el director general no han podido llegar a un arreglo? ¿Cuál es el problema que tiene la organización para llegar a un arreglo? Lo anterior ha llevado al mundo a dudar de las capacidades de la OMC, siendo una organización tan exitosa. No se ha podido resolver en 12 años la credibilidad frente a los gobiernos, pero, más importante, la credibilidad frente a los que hacen el comercio, que es el sector privado. Creo que esto es un reto muy importante y es un tema fundamental para el gobierno de México.

-¿Esta imposibilidad se debe a la OMC, a sus miembros o es inherente a la naturaleza de los acuerdos?

-Es una mezcla de todo, pero lo importante es que, desde el reflejo de la opinión pública, la OMC tiene una nube negra encima que demuestra que no ha podido avanzar. El mundo ha avanzado en 12 años, los países de todos los continentes han negociado una red muy compleja de tratados de libre comercio, incluso se anunciaron las negociaciones de un tratado de libre comercio entre Europa y Estados Unidos; México y otros países están participando en un gran acuerdo en el Pacífico, dejando de lado a la OMC.

Ésa es la crisis: como no resuelves, el mundo va avanzando y son otros foros los que se vuelven más atractivos, sobre todo para quienes son los usuarios de los tratados, que es el sector privado. Ellos ven que la OMC no avanza y promueven con sus gobiernos negociaciones bilaterales o regionales.

-Digamos que a grosso modo a la mitad del planeta no le cae muy bien la OMC, y estamos hablando de los movimientos altermundistas y sociales, que no están de acuerdo con el modelo neoliberal. ¿Cómo trabajar para cambiar esa imagen o intentar reconciliarse con estos actores sociales que están haciendo hervir al planeta?

-Hay temas muy importantes que se discuten en el mundo, hay organizaciones que apoyan diferentes temas y que son apoyados por diferentes grupos de interés. Yo creo que la mejor defensa que tiene cualquier institución es ser una institución efectiva. El comercio no es un bien en sí, el comercio es un medio para crear empleos y bienestar desde el punto de vista de que el público tenga acceso a bienes y servicios de mejor precio y calidad. Juega los dos papeles. Yo creo que el tema importante –y por eso Doha es una ronda de desarrollo– es que muchos países en desarrollo, sobre todo los de menos desarrollo, no han tenido la capacidad, o algo ha fallado que no han podido utilizar al comercio como palanca de desarrollo. Yo creo que en mucho estos movimientos son en reclamo a eso. De que los países más pobres no han podido utilizar al comercio como una política de desarrollo.

En esta ronda hay varios temas y varias formas en que esto se podría mejorar y uno de ésos es la eliminación de los subsidios a la exportación. Hay muchos productos  en que estos subsidios lo que hacen es bajar los precios en el mundo. Y, por lo tanto, los países en desarrollo, que son los exportadores de esos productos, ven sus ingresos disminuidos.

A mí me parece que el tema social donde el comercio puede contribuir es precisamente en generar empleos. En nuestro país -y ése es un atributo del candidato mexicano-, hemos usado el comercio como una palanca efectiva de desarrollo y generación de empleo y de bienestar, en el sentido de que la gente tenga acceso a productos de mejores calidades y mejores precios. Respecto a tu pregunta, lo que tiene que hacer la OMC es llegar a un arreglo en esta ronda, donde hay varios temas que serían de gran utilidad en países en desarrollo, pero sobre todo para los menos desarrollados.

-¿Qué tan importante es que un latinoamericano ocupe la presidencia de la OMC?

-En esta ocasión se está buscando quién es el mejor candidato. Esto es fundamental para una institución como la OMC, que está en crisis y requiere alguien con el conocimiento, la experiencia y la capacidad política para hacerlo. Pero uno de los principios ya acordados es que, una vez que se tienen candidatos de las mismas aptitudes, el tema geográfico debería jugar un papel, y hoy en día el tema geográfico favorece a América Latina y a África, porque ya ha habido directores generales de las otras regiones. Yo creo que sería un elemento que le daría una imagen mejor aún a nuestra América si un latinoamericano dirige esa organización.

-La negociación de Europa y EE.UU., debe encender focos rojos para México, que hasta ahora era el puente de enlace de ambos.

-No creo. Para México no crea problemas, México representa un punto importante en materia de logística y de la capacidad de los trabajadores mexicanos y su competitividad. Lo interesante es que México tiene acuerdos con ambos, por lo que en algún momento en estas negociaciones debería existir alguna convergencia entre América del Norte y Europa.

-Europa sigue sin saber qué le pasó y con el orgullo más herido que el bolsillo...

-En Europa hay desafíos importantes derivados del tránsito que están haciendo de las economías nacionales a una economía supranacional como la Unión Europea; ahí hay problemas regulatorios donde ha hecho falta la coordinación entre países. Sin lugar a dudas esta crisis sí es profunda, pero la pregunta es ¿qué sucedería en esa realidad si tuviésemos una Ronda Doha exitosa? Yo creo que para  Europa y para el resto del mundo sería un motor adicional para darle impulso a la economía mundial. Sin lugar a dudas la perspectiva de una negociación exitosa abriría expectativas de inversión, de exportación, que a todo el mundo le conviene, pero más a Europa. Si bajaran los aranceles industriales en aquellos países que los tienen altos, eso implicaría que Europa puede exportar más y eso significa generación de empleo y eso le daría a España y otros países que están sufriendo un motor generador de empleo.

-¿Por qué se considera el mejor candidato para la OMC?

-Cuando negociamos el TLCAN tuvimos una negociación difícil, no sólo desde el punto de vista político, sino del punto de vista técnico. Mucho fue creación, no existía, se creó y así logramos el primer acuerdo de Estados Unidos con un país en desarrollo, así como el de México con la EU fue el primero de ellos con un país fuera de la esfera europea.

México es un usuario exitoso del comercio como palanca de desarrollo. Eso, más el hecho de que yo ocupé posiciones de liderazgo en ambas negociaciones, además de otras con países pequeños, como Nicaragua, Bolivia, El Salvador y Costa Rica, me da a mí la credibilidad personal y de país. Somos un país que tiene una presencia en el mundo y que puede ser un gran puente entre los países en desarrollo y los desarrollados. Desde ese punto de vista, lo que llevamos son atributos importantes desde el punto de vista del sector privado y del sector público. He formado parte de consejos de administración, consejos asesores, promoviendo con mi propia empresa la inversión dentro y fuera de México. O sea, tengo el punto de vista de quien redacta las reglas para la negociación, pero también el punto de vista del usuario.

Además tengo la capacidad de enfrentar crisis. Cuando fui ministro de Comercio y Fomento Industrial, México vivió su peor crisis, la de 1994. Lo que requiere la OMC es una persona con experiencia, no sólo negociadora, sino que haya sido capaz de llevar a buen fin negociaciones importantes. Además alguien que tenga la experiencia no sólo de escribir reglas, sino de usar reglas. Y, finalmente, alguien que tenga demostrada capacidad de actuar en tiempos de crisis. En una negociación como la que está pendiente, ciertamente va a haber momentos de crisis.