Terminaba 2007 y en las oficinas de las principales compañías de Noruega los ejecutivos corrían por los pasillos para sellar la llegada de mujeres a sus consejos de administración. ¿El motivo? Una nueva ley exigía a toda firma que cotizara en bolsa tener un 40% de mujeres en sus juntas directivas a partir del 1º de enero del siguiente año. Aunque muchos catalogaron la medida impuesta por las autoridades como inadecuada, lo concreto es que actualmente los directorios de las firmas del país nórdico cumplen con la normativa.

Algo similar buscaba el gobierno español con la Ley de Igualdad de 2007. En ella se recomendaba a las empresas tener un 30% de mujeres en los órganos de responsabilidad de la compañía, pero los resultados han sido mixtos. Pese a estos esfuerzos gubernamentales, la realidad en Europa muestra más bien un retroceso. Según el informe “Mujeres FTSE 2009”, desarrollado por la inglesa Cranfield School of Management a partir de las 100 mayores empresas británicas cotizadas en bolsa, en el último año el número de consejos de administración con presencia femenina se ha reducido de 39 a 37, mientras que el número de firmas con mujeres en puestos de dirección ejecutiva bajó de 16 a 15.

La brecha entre géneros es aún más dramática en América Latina, donde no existe ninguna ley al estilo europeo. Al repasar las 100 mayores empresas de la región, basados en el ránking de Las 500 Mayores Empresas de América Latina que AméricaEconomía publicó en julio, menos de un 14% de los puestos en las juntas administrativas son ocupados por mujeres. Un claro ejemplo queda al descubierto al analizar lo que sucede entre las principales compañías de Latinoamérica: las petroleras estatales Petrobras, Pemex y Pdvsa tienen en conjunto 32 asientos en sus consejos de administración: 30 son hombres y sólo hay dos mujeres, ambas en el consejo de la empresa mexicana.

El caso más alentador para las directoras proviene, precisamente, de México. La embotelladora Femsa tiene cuatro mujeres entre los 19 puestos que componen el consejo de administración. Otra firma con una presencia femenina mayor es el retailer Wal-Mart México. En un espacio reservado para 13 consejeros, tres son mujeres. La otra cara de la moneda es América Móvil, donde todos los 11 puestos disponibles son ocupados por hombres. Mención aparte merece la petrolera argentina YPF: su directorio está compuesto por 29 miembros, todos hombres.

Para Carlos Alcérreca, decano de administración y contabilidad del ITAM de México, la baja cifra es producto de presiones culturales que deberían cambiar con el tiempo, “ya que las mujeres tienen un gran potencial para liderar o formar parte de la toma de decisiones de una compañía”. Para el experto, este tipo de cargos requiere un compromiso enorme, que signifique estar alineado con la empresa un 100%. Para muchas mujeres esto resulta aún muy difícil debido a que aún se les exige un papel predominante en la crianza de hijos y la gestión del hogar.

“Las mujeres en los últimos años han salido de las esferas privadas para incorporarse al mundo público. Se han formado más para tener mejores herramientas y habilidades, pero este proceso no ocurre en una sola generación”, dice Cristina Hube, profesora de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales, en Chile.

Las cifras de los demás países no son mejores. En Brasil Eletrobrás, el grupo de retail Pão de Açúcar o Telefónica son firmas donde la mujer comienza a tener una leve presencia en la mesa directiva, pues tienen dos mujeres en cada uno de sus consejos. En Chile, empresas como Codelco, Enersis, Cencosud o Copec no tienen en la actualidad mujeres en su órgano rector, situación que se modifica levemente en otras como Escondida o Falabella, donde hay una mujer, respectivamente. En Colombia, la junta directiva de Ecopetrol tiene nueve miembros, con una sola mujer. Algo similar a lo que ocurre con la ecuatoriana Petroecuador: una mujer para un directorio de ocho miembros.

Respecto a los motivos que explican la ausencia de la mujer en los cargos importantes de las grandes compañías, Jaime Alonso Gómez, del Egade Business School del TEC de Monterrey, señala que, en general, los grupos directivos contratan, promueven o invitan a trabajar con ellos a personas de similares características desde el punto de vista cultural, de nacionalidad o de género. A su juicio, si originalmente el equipo directivo implicaba sólo hombres, existe una alta probabilidad que ese perfil se mantenga. Agrega que la ausencia de un precedente en determinada compañía también puede influir, así como una situación de carácter cultural donde “predominan ideas preconcebidas respecto al papel de la mujer en la sociedad o en las organizaciones. Ideas que, desde luego, inhiben situaciones de igualdad para la mujer hacia los puestos directivos”, dice. Para Luis Felipe Calderón, profesor del área de administración de la universidad peruana Esan, la cantidad de mujeres estudiando carreras de administración de empresas aumenta día a día, por lo que proyecta un cambio en la plana directiva en el mediano plazo. “No creo que tengamos que seguir los pasos de Noruega. Además, lo considero una interferencia en las decisiones de la empresa”, advierte.

Poco poder. Revisamos los consejos de administración de las 100 empresas más grandes de América Latina para ver cuánta presencia femenina hay en los entes rectores de estas corporaciones. El resultado es muy pobre: de 654 asientos disponibles, sólo 43 son ocupados por mujeres. Esto equivale a menos de 7%. Sólo dos empresas entre las sondeadas tienen a más de dos mujeres en la junta. Sin importar si la empresa es pública, privada o si cotiza en bolsa, la historia de la poca presencia es una constante. Excepto México, que cuenta con algo más de mujeres en los consejos, en general la historia es la misma en todos los países.

Además, muchas de las mujeres que están en las juntas administrativas pertenecen a las familias que controlan a esas empresas. Es decir, las directoras profesionales e independientes son una especie casi inexistente en América Latina. Así, el gobierno corporativo aún tiene un largo camino por recorrer en la región.