“Cuando un político es denunciado, su cara sale en los medios mañana, tarde y noche. ¿Pero ustedes ya vieron algún banquero corrupto en un  diario? ¿Saben por qué no lo vieron? Porque él paga las propagandas de los diarios”. Fue la respuesta –en París– de Lula Da Silva a la oleada de ataques mediáticos en su contra, que llegaron a decir que el ex presidente viajó a Europa huyendo de las denuncias de corrupción que le endosa Marco Valerio de Souza, uno de los condenados por el escándalo del Mensalao.

El publicista De Souza insiste en que el ex primer mandatario estaba al tanto de la compra de votos en el parlamento con dinero contante y sonante. Sin embargo no ha aportado otra prueba que su palabra. Según los dirigentes del gobernante PT, ante la crisis que vive el opositor PSDB (Partido de la Socialdemocracia Brasileña), las críticas a Lula buscan erosionarlo como eventual figura de recambio a la popular presidente Dilma Rousseff, en vistas a las elecciones presidenciales de 2014, si por alguna razón ella no fuera por la reelección. De hecho, la última encuesta del año pasado de Datafolha, muestra que si los comicios fueran hoy, la presidenta vencería por 57 por ciento, contra 18 por ciento de la ecologista Marina Silva y 14 por ciento de Aécio Neves del PSDB. En caso que Lula fuera el candidato oficial, ganaría 56 contra 13 y 9 por ciento, respectivamente.

No obstante, en dos años pueden pasar muchas cosas. Una de ellas es que el popular Joaquim Barbosa, el titular del Supremo Titula Federal, hombre detrás de las condenas contra la corrupción, fuese candidato y compitiese con Lula. Ya ahora posee el 10 por ciento de las preferencias. Junto a él, no sería de extrañar que algún banquero, ofendido por los dichos de Lula, compita también por el cargo. Con capa y antifaz: en las últimas elecciones seis batmans (sí, seis candidatos llamados Batman), se presentaron en busca de ser electos.