“Todas nuestras materias primas dependen del medio ambiente, y por sobre todo del agua”, dice el alemán Claus Conzelman, vicepresidente mundial de medio ambiente de Nestlé.

El agua es el desafío más importante para la compañía suiza. Así lo concluyeron hace 10 años, cuando la agroalimentaria más grande del mundo identificó sus principales retos para el futuro. Desde entonces vienen trabajando en una serie de estrategias que permitan aumentar la producción y, al mismo tiempo, reducir el consumo de agua. Si hace 10 años utilizaban ocho litros de agua por kilo, ahora se utilizan tres litros, y el objetivo es reducir en un 4% el consumo de agua cada año.

Para ello Nestlé tiene una red de 1.000 consultores que trabajan con más de 600.000 proveedores a nivel mundial para mejorar sus procesos, lo que permite a Nestlé elaborar un producto de manera más eficiente y al consumidor adquirir productos que ayudan a reducir el impacto sobre los recursos hídricos. “En esto todos ganamos”, dice Conzelman, precisando que anualmente Nestlé invierte entre US$ 200 millones y US$ 300 millones en tecnología sustentable.

En las fábricas de la compañía suiza lo que se busca es poder reutilizar el agua que sobra de los procesos productivos, principalmente en el proceso de transformación de la leche líquida en leche en polvo, uno de los productos más importantes de la multinacional. Se está trabajando para que esa agua pueda ser tratada en las mismas fábricas y así sea reutilizada en otros procesos.

Para Conzelman hay un elemento clave para que Nestlé y otras compañías se puedan comprometer con un desarrollo más sustentable: “Se requiere un mayor compromiso por parte de los gobiernos para incentivar este tipo de prácticas. Nosotros hacemos lo que podemos, pero no podemos destinar todos nuestro dinero a ello, si la competencia no lo hace”.