Parecía que iba a arder Troya. Justamente, los productores de tomates de Florida acusaban a sus pares de México de introducir tomates frescos en EE.UU. bajo el nivel de costos de producción. Usaban para ello, decían, el acuerdo de 1996 -que habilitaba la fijación indicativa de tarifas mínimas- como un caballo de Troya para arruinarlos. Oyéndolos fue que el Departamento de Comercio lo anuló en septiembre del año pasado. Siendo un negocio de US$ 1.900 a US$ 2.000 millones anuales, la gravedad del asunto hacía presumir la posibilidad de una guerra comercial. 

Por suerte la salsa de tomate no llegó al río: en febrero, Francisco Sánchez, subsecretario de Comercio estadounidense, anunció un nuevo acuerdo.

Se trata de una solución que intenta ser equilibrada. Por un lado crea un sistema de precios mínimos de referencia para las seis variedades exportadas y, por otro, los duplica, con lo cual no borra totalmente la sonrisa de los productores de Florida. 

Para Idelfonso Guajardo, ministro de Economía del gobierno del presidente Peña Nieto, lo pactado permite que los agricultores mexicanos accedan al mercado de EE.UU. en condiciones “justas y competitivas”.

No obstante, la situación es más compleja. Si bien los campesinos mexicanos se ven beneficiados, muchos de los “agricultores” en realidad son empresas estadounidenses, las que presionaron de manera importante para que se llegara al acuerdo. Al igual que empresas importadoras, de logística, retail y distribución, las que enviaron más de 350 cartas de protesta. “Da la casualidad que el huerto está al otro lado del río”, aseveró John McClung, presidente de la Asociación de Productos Perecederos Internacionales de Texas, para oponerse a lo realizado por la secretaría de Comercio en septiembre. Y puso el dedo en la llaga al recordar que gran parte de la producción mexicana es cultivada por empresas del norte del Río Grande. Es el caso de la estadounidense Nature Sweet Ltd, la cual emplea a 4.900 personas en sus casi 500 hectáreas de invernaderos en México.

Reggie Brown, vicepresidente ejecutivo del Florida Tomato Exchange, tampoco está contento. Asegura que el avenimiento no menciona lo más importante: que los productores en México cometían dumping. El pacto renovado le ofrece otro consuelo. Los precios de referencia se establecen ahora para cuatro categorías, en vez de sólo una. Y en una versión de verano y otra de invierno. Lo que se dice una solución salomónica a ocho manos.