En 1670 sólo París y Londres superaban en habitantes a la boliviana Potosí, que duplicaba los 100.000 habitantes de Madrid, estaba arriba de los 150.000 de Lisboa y equiparaba a los de Amsterdam, centro del naciente capitalismo mundial. La razón residía en sus yacimientos de plata. La leyenda dice que una familia de la ciudad era tan, pero tan rica, que tiraba por la ventana la vajilla de ese metal usada en cada comida para no lavarla. Economía de enclave, el mineral se fue, la pobreza quedó. Increíblemente, el azar le da una nueva oportunidad a Bolivia: la canadiense South American Silver anunció que el yacimiento de Mallku Khota –ubicado al norte de Potosí– contaría con 255 millones de toneladas de mineral que incluyen: 230,3 millones de onzas de plata (con una ley de 28,7 gramos por tonelada); 1.481 toneladas de indio y 1.082 de galio. Estas dos última “tierras raras” esenciales para la electrónica y sistema de defensa contemporáneos. Se trataría, según un informe emitido por la empresa, de “uno de los yacimientos de plata, indio y galio más grandes del mundo, con una producción anual de más de 13,2 millones de onzas de plata en los primeros cinco años del proyecto”.

Sólo para cuantificar qué y cuánto mineral está disponible (al decir de la Corporación Minera de Bolivia, Comibol, la mina poseería igualmente reservas de oro) es necesaria una inversión de US$50 millones. Pero la prospección podría no ser tan fácil. El 7 de mayo pasado, habitantes de una de las comunidades cercanas al yacimiento tomaron como rehenes a dos policías en rechazo a que la minera continuara sus labores de prospección. El conflicto fue solucionado dos días después, luego que el ministro de Minería, Mario Virreira, y líderes comunales llegaran a un acuerdo. Pero éste es frágil; aparentemente dos de las 46 comunidades de la zona se oponen a la explotación por los posibles daños al medio ambiente.