La última década ha sido buena para los 826 pueblos indígenas de América Latina. Son 45 millones de personas, el 8,3% del total de los habitantes de la región. La cifra, correspondiente a 2010, no incluye a lo que se estima serían otros 200 pueblos indígenas voluntariamente aislados de las sociedades o países donde viven, pero que constituirían unos pocos miles de personas.

El mejoramiento de su calidad de vida es producto directo de la disminución de la pobreza en la región, pero su mayor integración se está produciendo por la acción de programas de gobierno, en muchos casos financiados por organismos multilaterales como el BID o el Banco Mundial.

Un reciente estudio de la Cepal dice que en la última década las comunidades indígenas han tenido avances notorios en reducción de mortalidad infantil, universalidad de la educación básica y en el reconocimiento de derechos territoriales, lo que incluye “el derecho a la propiedad colectiva del territorio”.

Esto no significa que se hayan resuelto los problemas. La creciente integración trae como consecuencia la posible pérdida de identidad cultural de algunos grupos indígenas, que viene de la mano de la migración urbana. En cuatro de los diez países latinoamericanos con información disponible -México, Perú, Uruguay y Venezuela-, la mayoría de la población indígena vive en ciudades.

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