Keiko Fujimori nunca ha tenido problema alguno en reconocer que siempre actuó en política por “deber” y obediencia a su padre. La pregunta que se estarán haciendo millones de peruanos ahora es si puede gobernar alguien sin vida política ni ideas propias. Lo que acontezca en el mandato de la joven de 35 años dependerá de si se mantiene como una herramienta de su progenitor encarcelado o hereda su vocación de poder. No sería la primera vez en que el acceso inesperado al Poder Ejecutivo produce una conversión y un político inepto o débil se transforma dramáticamente. Para bien o para mal.

La verdad es que durante toda la campaña actual, la candidata de Fuerza 2011 ha tratado de proyectar la imagen de una política joven, pero capaz de tomar decisiones autónomas. Sus críticos sostienen que ella funciona a modo de pantalla o plataforma para reeditar el gobierno del antiguo fujimorismo, aquel que gobernó durante la década de los años 90 bajo la vieja divisa de que el fin justifica los medios.

Según el analista político Fernando Rospigliosi, es difícil imaginar quién dirigirá en realidad un eventual gobierno de Keiko Fujimori. Si bien han aparecido en el entorno de la actual candidata figuras que conforman el ala más dura del partido, se trata más bien de cuadros activistas, pero no con manejo político. En la lista para la vicepresidencia, por ejemplo, se incluyó a Jaime Yoshiyama, quien fue ministro de Alberto Fujimori, y entre los congresistas elegidos figuran Martha Chávez, Luisa María Cuculiza y Luz Salgado, así como Kenji Fujimori, hermano de Keiko y el parlamentario más votado en el presente proceso, pese a su casi nula experiencia en las lides políticas.

Por ahora, entonces, todo apunta a un control remoto del ex mandatario sobre su hija. “En el gobierno de Alberto Fujimori quienes mandaban eran, claramente, él y su asesor, Vladimiro Montesinos. Ahora no sabemos quién lo hará”, dice Rospigliosi. “Es claro que Keiko no, pero aún no podemos predecir quién”.

Según el analista, con Keiko en el poder no se desatará, como algunos piensan, una ola de protestas sociales. Rospigliosi recuerda que en Perú no hay organizaciones sociales, ni de derechos humanos, que tengan una estructura sólida y poder de convocatoria. Ni partidos políticos. “El APRA sólo tiene a cuatro congresistas en el Parlamento y al interior del partido hay una enorme desunión”, dice. “Ellos no podrían ejercer algún tipo de presión”. En resumen, “casi no habrá oposición”.

¿Regreso siniestro? Gustavo Gorriti, periodista que ha investigado los casos de corrupción durante el fujimorismo, opina que no pasará mucho tiempo antes que Fujimori padre asuma el poder real, trayendo consigo lo que para muchos peruanos es un incómodo déjà vu: “Necesitará alguien que lo asesore y, como en los años 90, dirigirá la mirada hacia la Base Naval del Callao (donde cumple prisión Vladimiro Montesinos)”.

¿Es posible tal aberración? Gorriti no tiene la menor duda. “Ellos dos saben que, por haberse separado, cada uno terminó en una celda. Sería como una pareja que, luego de divorciarse, se vuelve a casar”, dice. El periodista (quien fue secuestrado por un grupo de militares durante el intento de autogolpe ordenado por Fujimori y Montesinos) cree que un gobierno de Keiko podría ser casi un calco riguroso del régimen de su padre: “No habrá cambiado en ninguno de sus términos”.

Tal calco se haría visible, al mismo tiempo, en el campo de la economía y las políticas sociales. La candidata asegura que, durante una eventual gestión suya, volverán a emprenderse muchas de las medidas macroeconómicas dispuestas por su padre, que se concentran en la eliminación de las barreras comerciales y en la mayor apertura comercial posible. En el exterior, varios expertos esperan esto. “Keiko puede seguir una línea promercado de su padre”, dice Juan Eduardo Coeymans, en Santiago de Chile.

Y no sólo en el exterior. Un influyente empresario peruano, presidente del directorio de una de las más importantes empresas mineras del país (y que prefiere mantener su nombre en el anonimato), reconoce su interés en que ella sea la próxima presidenta del Perú: “Los mercados abiertos permitirán que sigamos aprovechando el alza del precio de los metales. Gran parte del sector empresarial sabe que, a pesar de Montesinos, Alberto Fujimori abrió las puertas de la economía y que su hija haría lo mismo”. En ese sentido, y tal como explica Fernando Rospigliosi, “mientras los peruanos, aun aquellos que reniegan del fujimorismo, no sientan ningún efecto negativo en sus bolsillos, ella podrá gobernar sin altibajos. Depende de qué tan inteligente sea su manejo”, predice el analista.

Política de la nostalgia. A nivel de medidas sociales, según lo publicado en su plan de gobierno y en sus declaraciones públicas, Keiko reinstalará los programas de asistencia social establecidos en el gobierno de su padre. A ojos del analista político Carlos Reyna, con ello buscará satisfacer a la base social de sus votantes del interior. Algo vital porque, en un sector del electorado peruano, sigue vigente aquella nostalgia de la asistencia social desarrollada por el fujimorismo en la década del 90. Cabe esperar un aumento de obras públicas en zonas alejadas del país, un sector demográficamente marginal pero muy necesitado, y que en la primera vuelta de los comicios se hizo oír fuerte. Lo de Fujimori tiene el sello indeleble del populismo y el paternalismo. “Esa nostalgia es tan clara, que Keiko, cada vez más seguido, reivindica a su padre”, opina Reyna.

Pero la Historia no se repite dos veces y, cuando trata de hacerlo, como dice el cliché, la segunda puede tomar visos de tragicomedia o ridículo, como bien lo aprendió Napoleón III (y más de un gobernante latinoamericano). Más allá de sus políticas específicas, un eventual gobierno de Keiko podría obligar a las elites y sociedad peruana a cortar, de una vez por todas, su apego a los residuos aristocratizantes, prejuicios raciales y regionales.

“Desde Alberto Fujimori para adelante hay gran confusión en la política interna de Perú”, dice –en Buenos Aires– el especialista en relaciones internacionales de la Universidad de San Andrés, Katchik DerGhougassian. “Siempre gana el candidato que llega en el momento y atrae más la atención y votos”.

Es difícil que uno a un presidente funcione y se sostenga desde esa posición oportunista. Perú ha ido de parche en parche, de personalismo en personalismo, con gobernantes. Hasta la economía más floreciente de América Latina podría terminar encallando por esta falta de liderazgo.

*Para conocer la proyección de AméricaEconomía sobre el gobierno de Ollanta Humala, pinche aquí.