Este retorno de inversiones de cartera es el segundo más amplio en lo que va de la administración de Enrique Peña Nieto, sólo superado por el del año 2017, en medio del inicio de la nueva administración en Estados Unidos, cuando volaron US$3.557,2 millones del mercado mexicano.

Analistas de Banorte-Ixe explican que este comportamiento es resultado del ambiente global de alta incertidumbre, mientras estrategas de Barclays y Goldman Sachs consideran que también tuvo que ver la cautela que asumieron tras la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, dirigida por la próxima administración, al emitir el mensaje de que podría tomar decisiones apoyándose en mecanismos que restan previsibilidad al manejo macroeconómico.

El comportamiento negativo de la inversión de cartera en el tercer trimestre del año contrasta con la entrada de capitales observada entre enero y junio de este año. En el acumulado a nueve meses, incorporando este retorno de capitales extranjeros, la inversión de cartera arroja un saldo positivo de US$8.818 millones, que es el menor flujo de capitales no residentes a México para un periodo similar, en el que fue el sexenio de las reformas estructurales.

Un trimestre para salir. La información del Banco de México precisa que entre julio y septiembre, que fueron los primeros tres meses del periodo de transición entre el triunfo de Andrés Manuel López Obrador y su toma de protesta como presidente constitucional, sólo en el mercado de activos del sector público, los extranjeros deshicieron sus posiciones en US$1.251 millones; un comportamiento no visto en cuatro trimestres.

Con este retorno de capitales extranjeros, se interrumpió la racha de cuatro trimestres consecutivos de flujos positivos. Además se trata de la segunda salida más importante de recursos de este segmento de mercado, desde el periodo abril-junio del 2017, cuando vendieron títulos mexicanos por el equivalente a US$2.972 millones.

Para Alberto Ramos, economista en Goldman Sachs, este comportamiento evidencia la alta exposición que tiene México a un choque de confianza de los inversionistas, pues como se trata de un mercado altamente integrado, tiene una importante participación de inversionistas extranjeros.

Nuevamente, en el acumulado de nueve meses, esto es de enero a septiembre, queda un registro positivo de US$8.692 millones, pues la salida de capitales del tercer trimestre fue contrarrestada por el flujo positivo observado entre enero y junio.

Los valores emitidos en el exterior fueron los que sufrieron el mayor descalabro al completar salidas por US$1.878 millones, mientras los títulos colocados en el mercado accionario y de dinero arrojaron una salida de US$68 millones en el trimestre.

Por otro lado, los pasivos del sector público y privado cayeron en casi US$2.000 millones en el  tercer trimestre, siendo el sector privado el que registró casi la totalidad, con US$1.946,4 millones.

Tasas defensivas. La información del banco central da cuenta de entradas al mercado de dinero, por US$1.249 millones en el tercer trimestre, un flujo positivo que completó un segundo cuarto consecutivo.

Estrategas de Finamex Casa de Bolsa han explicado que al subir el premio a los inversionistas, se dificulta la decisión de volar hacia mercados percibidos como más seguros.

En el tercer trimestre, la Junta de Gobierno de Banxico no incrementó el costo del rédito. Sin embargo, la tasa se mantuvo en niveles no vistos en una década, 7,75%, que es además el tercer premio más alto que otorgan los mercados en América Latina, después del que pagan Argentina y Venezuela.

En el acumulado de nueve meses, se observa que ha entrado inversión de cartera por US$1.775 millones al mercado de dinero.

Aunque el dato es positivo y es probablemente atraído por el retorno que está pagando México, el economista para América Latina en Goldman Sachs alerta de nuevo que “es una cifra considerable de títulos en poder de extranjeros (...) que expone significativamente al mercado mexicano a un choque de confianza”.

Mexicanos en éxodo, de nuevo. La tendencia de los inversionistas mexicanos fue determinante en las cuentas del tercer trimestre en específico, que es la fotografía del periodo de transición entre el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en las urnas y los últimos meses de gobierno de Enrique Peña Nieto. Ahí se observa que los residentes sacaron del país US$2.309 millones en inversiones entre julio y septiembre.

Con este retiro trimestral de capitales mexicanos, se completa la salida de US$5.310 millones acumulados en nueve meses.

Las salidas de capital de inversionistas residentes alcanzó su registro más alto, es decir, las mayores salidas trimestrales, entre octubre y diciembre del 2017, por US$3.361 millones.

Focos amarillos en IED. El componente de inversión directa se mantiene en una trayectoria de desaceleración desde el primer trimestre del año, y se ubicó en US$1.826 millones entre julio y septiembre.

Este flujo de capitales evidencia también el contexto de incertidumbre mundial, alimentado por las tensiones del comercio internacional, el riesgo de que la Reserva Federal de Estados Unidos acelere el alza de tasas y la salida del Reino Unido de la Unión Europea.

Entre enero y septiembre, el flujo de capitales productivos sumó 19,064 millones de dólares. Un flujo que en el pasado, todavía en los años 2014 y 2015 entraba en un solo trimestre.

La Inversión Extranjera Directa (IED) que llegó a México en el tercer trimestre sumó US$4.135 millones, la menor captación de inversión productiva en al menos siete trimestres.

En el desagregado de esta información, se registró la entrada en el trimestre de US$5.202 millones en nuevas inversiones, pero su efecto se matizó al no completarse las cuentas entre compañías programadas, por US$725 millones y otros US$342 millones que tampoco se reinvirtieron conforme a lo proyectado.

El diagnóstico de Banxico. De acuerdo con el comunicado del banco central, “para el 2018 y el 2019 continúan (...) anticipándose riesgos para el crecimiento, como la volatilidad de los precios del petróleo y factores de orden político y geopolítico”.

El citado panorama ha conducido a episodios de volatilidad en los mercados financieros y a un desempeño negativo en los precios de los activos de las economías emergentes.

No obstante, el banco central destaca que esta volatilidad no afectó de la misma manera a las economías emergentes, pues “se registraron diferencias entre estas economías de acuerdo con sus fundamentos macroeconómicos y como resultado de factores idiosincráticos”.

En déficit, cuenta corriente y de capital. Este comportamiento de salidas de capital extranjero y doméstico, más la desaceleración de inversiones productivas, en un contexto de tasas de interés locales al alza, más el vuelo de capitales hacia activos más seguros, fue captado por la balanza de pagos del trimestre.

Entre entre enero y septiembre, se presentó un déficit de la cuenta corriente que ascendió a 17,018 millones de dólares. Un saldo que representó 1.9% del Producto Interno Bruto (PIB), y evidencia una corrección a la baja desde el déficit de 2% registrado en el trimestre previo.

Se queda inscrito como el déficit más bajo del sexenio que está por terminar, junto con el alcanzado en los años 2013 y 2014.

Sólo en el tercer trimestre del año, se registró un déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos, de US$5.082 millones, equivalente a 1,6% del producto, que se queda como el segundo más bajo del año.

En el registro de julio a septiembre, el déficit de la cuenta de capital fue de US$18 millones, que es el tercer repunte consecutivo trimestral.

En el lapso de nueve meses, la cuenta de capital se mantuvo deficitaria en US$53 millones.