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Síndrome de Jerusalén, la extraña forma en que reaccionan algunas personas en la ciudad santa
Domingo, Abril 5, 2015 - 15:41

Desde predicar en cualquier lugar público hasta destinar gran parte del día a la oración intensa son algunas de las reacciones de turistas. Muchos acusan una profunda sensación de ansiedad en su visita a la ciudad que concentra los hitos de fe de tres grandes religiones: católica, islámica y judía.

La sensación de ansiedad fluye intensa, la idea de sentirse imprevistamente llamado a una misión sobrenatural y epifánica sobreviene profunda. Para algunos es una voz insistente, para otros es una invitación.

Así describen algunas personas lo que se ha dado en llamar el Síndrome de Jerusalén”, desorden psicológico cada vez más fundamentado, desde que en el año 2000 se publicara el primer trabajo científico que lo analizaba como tal.

Las personas que lo han padecido se creen súbitamente “elegidas”  para cumplir una misión redentora, convencidas de que una voz divina les encarga una tarea mayor.

A partir de ese momento lo comportamientos son diversos: desde predicar en cualquier lugar público o destinar gran parte del día a la oración intensa. En todos los casos se afectan las rutinas sociales y de alimentación e higiene.

En las clínicas locales se atienden cada vez más personas con este mal que se da en contextos de energía espiritual complejos y profundos, siguiendo tratamientos variados: antipsicóticos, tranquilizantes y terapias psicológicas. 

Incluso, en muchos casos la “normalidad” se alcanza con sus familias y en sus lugares de origen. 

Varios documentos de estudio subrayan que el síndrome puede deberse a que siendo una ciudad sagrada para las principales religiones del mundo, Jerusalen es un centro de energía espiritual fuerte, que puede influir en cierto tipo de personalidades o condiciones psiquiátricas.

Tal como lo ha sido por siglos, la ciudad funciona como un imán para peregrinos de todo el mundo, especialmente en Semana Santa.  No por nada ahí se concentran fuertes hitos de las tres principales religiones del mundo: judaísmo, islamismo y cristianismo.

El Síndrome de Jerusalén aún afecta a un pequeño porcentaje de los visitantes, en quienes se desencadenan ideas obsesivas, ilusiones u otras experiencias psicóticas.

Si bien en una primera instancia los estudios señalaban que las personas afectadas eran quienes ya tenían una precondición de desorden mental, últimamente se han conocido casos en personas que no manifestaron esas características previas.

El primer estudio publicado en el British Journal of Psychiatry incluye la investigación de un grupo de expertos israelíes habían estudiado a más de mil turistas admitidos en el centro de salud mental Kfar Shaul de Jerusalén  entre los años 1980 y 1993.

Desde allí se manejan tres tipos de este síndrome: quienes sufren alguna enfermedad psicótica anterior, sintiéndose algún personaje de la Biblia. Un turista estadounidense que tenía esquizofrenia paranoide creyó ser el bíblico Sansón y en Israel se sintió obligado a mover uno de los bloques de piedra en el Muro de los Lamentos.

En el segundo tipo, los pacientes pueden tener algunos signos de trastornos mentales, pero no expresados en toda su magnitud y que pueden manifestarse con mayor claridad en la ciudad santa.

Finalmente, en el tercer tipo -sobre 42 de los 1.200 pacientes – no había ningún tipo de antecedentes de enfermedad mental. Se recuperaron espontáneamente en sus lugares de origen.

Para el investigador del Albert Einstein College of Medicine de Nueva York, Simon Rego, el “síndrome de Jerusalén” confunde porque parece tener un perfil único, pero quizás –en rigor- sea el resultado de una enfermedad mental subyacente.

Por mientras las autoridades de seguridad y de salud están en permanente atención con las expresiones de este problema, dadas –además- las complejas características de la vida en esta ciudad que para la ONU tiene un estatus de patrimonio mundial, sin pertenecer a ningún estado. Aspecto que en la realidad no ocurre, pues Israel controla el acceso de los visitantes.

 

Autores

LifeStyle/ Agencias