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Valonia: El encanto medieval al estilo de Bélgica
Martes, Septiembre 10, 2019 - 15:00

La región destaca por sus paisajes naturales decorados con antiguos castillos y ciudades del siglo XV.

Recorrer la región belga de Valonia es como darse un baño de la Europa medieval, de castillos y pintorescos paisajes, de pueblos a orillas de ríos, iglesias y senderos que llevan a abadías que producen las mejores cervezas del mundo. Y un baño sin metáfora por la enorme oferta turística asociada a una “tierra de aguas”, inundada de afluentes de agua dulce, lagos y hasta embalses artificiales.

Valonia, ubicada al sur del país, es una de las tres regiones de Bélgica, junto a Flandes (norte) y Bruselas (norte).

Es un paseo que bien podría comenzar en la histórica Namur, la capital de la región, a unos 70 kilómetros de Bruselas. Es un sitio de gran valor histórico al que se puede llegar fácilmente por ómnibus, automóvil o en tren. Aunque es recomendable este último medio de transporte y disfrutar un trayecto equivalente al de Montevideo hasta el balneario Biarritz (contiguo a Santa Lucía del Este), en la costa de Canelones, muchos prefieran la libertad de movimiento que ofrece el automóvil. 

Hablar de Namur es hablar en gran parte de la historia bélica del viejo continente por haber sido un lugar estratégico para la guerra. La Ciudadela de Namur, en lo más alto de la ciudad, es un fuerte recordatorio de un pasado belicoso. Tiene interesantes museos, como el Diocesano de la Catedral, uno dedicado a Felinen Pops (un reconocido pintor de obras eróticas), el de Artes Antiguas y el Arqueológico.

Mons es otra cita obligada por su aire medieval en calles y edificaciones que se remontan al siglo XV. De antiguo escenario de batallas y de célebres mitos pasó a ser una ciudad universitaria, una suerte de Silicon Valley de estilo europeo. Es una ciudad que combina diferentes épocas arquitectónicas, huellas de una rica historia, como las casas españolas, en el casco antiguo, construidas durante el reinado de Carlos I. Como ocurre en otros sitios belgas, el edificio más relevante es la Colegiata de Santa Waudru, de un estilo arquitectónico gótico de los siglos XV a XVII, que contiene obras artísticas de gran valor cultural. Vale la pena, además, llegar al Castillo de los Condes, ubicado en lo alto de una colina. 

Otra de las ciudades interesantísimas desde el punto de vista patrimonial es Tournai, una de las más antiguas de Bélgica, a unos 120 kilómetros al oeste de Namur, hacia la frontera con Francia. Llaman particularmente la atención unas típicas casas de ladrillo y madera, y de muchas ventanas. Aunque hay múltiples iglesias dignas de conocer, se destaca una versión propia de la Catedral de Notre Dame, del siglo XII, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco. Al encanto cultural se le suman los increíbles a atardeceres al borde del río Escalda. 

Charleroi podría pasarse por alto porque no tiene el encanto de otros pueblos del sur de Bélgica. Pero es el centro del cómic en un país reconocido por este género literario. Allí nació el personaje de Lucky Lucke, por ejemplo.

Y no se puede viajar a la región del sur de Bélgica sin conocer Lieja, la ciudad de reyes y obispos que se destaca como centro histórico de casas antiguas. Son muy recomendables la Catedral de San Pablo y el Museo Curtius y otro dedicado a la vida en Valonia.

Varios sitios de viajes aconsejan completar el recorrido en Dinant, un lugar tan pequeño que se puede recorrer en unas horas. Es una ciudad encantadora y pintoresca. Es una postal con el río Mosa siempre como protagonista.

Toda Valonia es reconocida por sus campanarios, declarados en conjunto patrimonio de la humanidad por la Unesco.

También es famosa por el tesoro acuático de sus ríos para hacer paseos en kayaks, canoas o barcos eléctricos y disfrutar al mismo tiempo del paisaje que imponen los castillos medievales. 

La región ha sido bendecida por la naturaleza y también puede apreciarse en recorridos en bicicleta, aprovechando la variedad de ciclorrutas que atraviesan inmensas áreas verdes. La actividad es muy recomendable si el turista no está tentado al mismo tiempo de beber una rica cerveza de abadía. 

Autores

El Observador