Potosí de Venezuela. Para la mayoría de los venezolanos, la sequía ligada al fenómeno el Niño que está golpeando al país este año ha acarreado serios inconvenientes, como el racionamiento de luz y agua.

Pero para unos pocos, la falta de lluvias les ha permitido realizar un viaje agridulce por los caminos de la memoria.

La reserva de agua Uribante está a su menor nivel en décadas, dejando al descubierto un pueblo que ha estado sumergido desde 1985, cuando el valle fue inundado para construir una presa hidroeléctrica.

Josefa García, de 74 años, vivía en ese pueblo. Ahora se siente agradecida porque la sequía, pese a que ha agravado la mayor crisis eléctrica en la historia del país petrolero, le ha permitido volver a su pasado.

A la sombra de una iglesia de 26 metros de altura, que suele estar prácticamente sumergida, García rememora vívidamente cuando el presidente Carlos Andrés Pérez llegó en helicóptero para decirles que su pueblo iba a ser sepultado bajo las aguas.

"Dijo que éramos todos expropiados y que teníamos que salir", recuerda García, de pie en la vieja plaza del pueblo. "Acabaron con la esperanza de todo el mundo", agregó.

Antes de su desaparición, esta villa andina en el occidental estado Táchira fue evacuada y sus 1.200 habitantes dispersados por todo el país. García se mudó a una región cercana y nunca había regresado a su antiguo pueblo hasta ahora.

Normalmente, sólo el capitel de la iglesia puede verse sobresalir del acuífero, de unos 20 kilómetros cuadrados. Pero recientemente, el nivel del agua cayó 30 metros, revelando fantasmagóricos vestigios de la vida pasada: la iglesia, casas derrumbadas, un cementerio, la plaza del pueblo.

Nivel crítico de las aguas. El presidente Hugo Chávez declaró este mes la emergencia eléctrica nacional en Venezuela, que depende 70% de su generación a través de centrales hidroeléctricas.

La crisis provocó que una compañía estatal de electricidad llegara a organizar una concentración de trabajadores para rezar para que lleguen las lluvias.

"Estamos observando con preocupación en las últimas semanas lo que es el aporte al embalse -ríos y afluentes principales- ha bajado de 15 metros cúbicos segundo a 9 metros cúbicos segundo en estas últimas tres semanas", dijo Juan Barillas, presidente de la compañía estatal que maneja la presa.

La represa está ahora a tres metros de su "nivel crítico" en el cuál no habrá agua suficiente para mover las turbinas. La planta hidroeléctrica Leonardo Ruiz Pineda, la tercera más grande del país, está operando a menos del 10 por ciento de su capacidad de 300 megavatios/hora (mw) para evitar que el nivel caiga aún más.

La planta podría ser forzada pronto a recortar más su generación, dijo Barillas, ya que los pronósticos no auguran lluvias en la región. El embalse parece ahora estar descendiendo más rápido que el centímetro al día promedio registrado antes este mes.

Un reciente reporte de Edelca, una de las compañías estatales de servicios públicos, advirtió que el sistema eléctrico nacional podría colapsar en mayo a menos que se tomen medidas drásticas. Chávez ha dicho que Guri, la mayor hidroeléctrica del país, podría alcanzar su nivel crítico en junio si la sequía continúa.

En respuesta, el gobierno ha lanzado una campaña para que los venezolanos ahorren agua y luz, multando a aquellos que no recorten su consumo. Además, han exigido a la industria que reduzca 20% la demanda, mientras se implementan racionamientos de los servicios en buena parte del país.

En la región de Potosí, los residentes se acostumbran a las medidas de racionamiento que los dejan sin luz unas dos horas y media al día desde enero, lo que ha ayudado a ralentizar la caída en el nivel de la represa.

Este año, El Niño -un fenómeno climatológico intermitente caracterizado por el calentamiento de las aguas en el Pacífico Central y Oriental- ha interrumpido los patrones climatológicos habituales en varias regiones del mundo, en el que se encuadra la sequía venezolana.

Pero los ingenieros también están alarmados por la subida de la temperatura en unos 3 grados centígrados este año en la zona de la reserva, que los expertos ligan a la deforestación, el calentamiento global y la caída a largo plazo en los niveles de agua de la región.