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De monedas y billetes de México
Mar, 05/04/2016 - 08:50

Fernando Chávez

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Fernando Chávez

Fernando Chávez es economista y docente de la Universidad Autónoma Metropolitana de México (UAM). Actualmente es coordinador del sitio de divulgación económica El Observatorio Económico de México. Su línea de investigación abarca remesas y migración, política monetaria, banca central, federalismo fiscal y macroeconomía. Desde 1984 se desempeña en el ámbito editorial como autor y coordinador de publicaciones, boletines, revistas y secciones de periódicos.

La numismática es la disciplina científica que se encarga de estudiar y coleccionar monedas y billetes antiguos como objetos físicos, además de medallas conmemorativas de todo tipo. Los coleccionistas y los comerciantes de estas monedas y billetes se han vuelto muy importantes en el últimos dos siglos en todo el mundo. El tema numismático en México es particularmente importante por el gran peso económico que tuvo (y tiene todavía) la minería, especialmente la de oro y plata, metales que ayudaron a inundar de dinero metálico “hecho en México” el mundo de los negocios durante varios siglos, especialmente en algunos países europeos y asiáticos.

La numismática también es de interés para ciertos oficios y profesiones actuales. Le entran con pasión historiadores, antropólogos, abogados, diseñadores gráficos y economistas, entre otros muchos interesados en ella. Las perspectivas de naturaleza histórica, jurídica, antropológica, económica y estética de las monedas y billetes que han existido en la historia humana han sacado a la numismática de su lugar apacible en los museos, donde parecía estar destinada a quedarse para siempre.

El origen milenario del dinero metálico está envuelto en leyendas y mitos maravillosos. La literatura poética y prosaica ha sido crucial en esta actividad mágica, que ha crecido por muchos siglos para mostrarnos los horrores y miserias que giran en torno a su acumulación descomunal. Refranes pintorescos y dichos sabios abundan y advierten de los riesgos de la condición humana cuando su búsqueda va mucho más allá de procurar satisfacer las necesidades básicas. El cristianismo en Occidente ha sido insistente en condenar a quienes poseen montos cuantiosos de monedas y billetes, percibidos como expresión inmoral e insolente de riqueza, y así le pone impedimentos a sus poseedores que quieran estar un día en el reino de los cielos. 

Dejando de lado estas complejidades terrenales y celestiales, veamos un poquito de las monedas y billetes de México, caminando por las veredas históricas de la economía política y de la misma numismática, por supuesto. Y sólo en este terreno hay mucho que se ha escrito y dicho en los últimos cien años de mi país.

Los tres siglos del periodo colonial tuvieron su famosa moneda de plata: el “real de ocho”, de muy buena ley, tanto que se convirtió en dinero de circulación universal. La legendaria Casa de Moneda de la Cd. de México, por lo tanto, se convirtió en el símbolo del poderío imperial español. Aún así, habiendo algún día escasez de moneda menuda, los particulares emitieron los “tlacos”, dinero sin valor intrínseco, pero que satisficieron la demanda de dinero de ese entonces.

La larga lucha por la independencia nacional alteró el funcionamiento del sistema monetario en la Nueva España: tanto realistas como insurgentes acuñaron su propio dinero metálico. Los primeros a través de nuevas casas de moneda en provincia y los segundos con monedas que tenían un valor facial superior al que tenían en su valor intrínseco. No es difícil adivinar que la escasez de circulante apareció de todas maneras. Este hecho es común en todos los lugares en que ha habido una ruptura revolucionaria del orden institucional existente.

La novedad monetaria del Imperio de Agustín de Iturbide fue la emisión de papel moneda, es decir, la aparición del dinero fiduciario, obligatorio para resolver las necesidades de las finanzas públicas (pago de impuestos, de salarios de los empleados del Estado, etc.). Este dinero duró poco más que la vida de este efímero imperio mexicano. 

El largo y convulso periodo de 1823 a 1872, entre las muertes de Iturbide y Juárez, registró el desarrollo de un sistema monetario con muchos medios de pago, unos metálicos genuinos y otros fiduciarios bastante frágiles. Por supuesto que esto reflejaba el caos político que se vivía con el nacimiento de una nación. Menciono solamente el caso extraño del papel moneda hecho sobre “bulas papales” canceladas, emisión que pretendía aprovechar el sentimiento católico del pueblo mexicano. El fin abrupto de este experimento monetario demostró que estando de por medio la (des)confianza en el dinero emitido, el fervor religioso pasa a segundo plano.

Durante el Porfiriato la estabilidad del primitivo sistema monetario apalancó la estabilidad política y social de esa dictadura. Y esa buena característica tiene que ver con el surgimiento de un sistema bancario nacional con hegemonía del capital extranjero. Vale decir que se avanzó en el desarrollo del dinero fiduciario sin perder ciertas  certidumbres del patrón bimetálico oro-plata. 

La Revolución Mexicana destruyó y construyó instituciones económicas, como toda revolución. Pasados los años de guerra y asonadas militares, la Constitución de 1917, mediante el artículo 28, dio el paso a la modernidad monetaria: en 1925 se fundó el Banco de México y lentamente en el siglo XX se afianzó un nuevo sistema abastecedor de monedas y billetes. Ahora en primeros años del siglo XXI estamos instalados en una situación de estabilidad monetaria de duración indefinida, obviamente.

¿Les interesa saber mucho sobre estos temas en los que la numismática y la economía mexicanas se entretejen? Entre el 9 de mayo y el 29 de junio habrá un curso de actualización de 16 sesiones sobre “Monedas y Billetes en la Historia de México”, organizado por la UAM- Azcapotzalco, con el apoyo valioso de la Sociedad Numismática Mexicana. Esta actividad académica se realizará en la “Casa de la Primera Imprenta de América”, a un lado del Palacio Nacional, nada menos que en la calle de Moneda. Estén pendientes de este curso en las página web del Departamento de Economía, tanto de la licenciatura como de la maestría en Economía, así como en la de “El Observatorio Económico de México”. Su cuota de recuperación será baja y el cupo es limitado. Allí habrá buenos ponentes y está dirigido a todo público. Anímense a recorrer esta historia monetaria llena de temas sugestivos, insólitos y divertidos. Se los juro. 

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