Pasar al contenido principal

ES / EN

Ecuador: proyecciones y propuestas para 2016
Vie, 01/01/2016 - 10:08

Gabriela Calderón

Cómo Irlanda sale de la recesión
Gabriela Calderón

Editora de ElCato.org y columnista del diario El Universo (Ecuador). Se graduó en 2004 con un título de Ciencias Políticas con concentración en Relaciones Internacionales de la York College of Pennsylvania. Sus artículos han sido reproducidos en otros periódicos de Latinoamérica y España como El Tiempo (Colombia), La Prensa Gráfica (El Salvador), Libertad Digital (España), El Deber (Bolivia), El Universal (Venezuela), entre otros. En 2007 obtuvo su maestría en Comercio y Política Internacional de la George Mason University.

Las proyecciones independientes del crecimiento económico del Ecuador coinciden en que 2016 será un año mucho más duro que 2015. Citi estima que la economía ecuatoriana se contraerá en -1,2%, Bank of America en -3,6%, JP Morgan en -1,5% y Credit Suisse en -1,9%.

El consenso de estos analistas independientes parece ser que Ecuador demorará al menos tres años en recuperar la senda del crecimiento económico –considerando que 2015 ha sido un año de crecimiento casi nulo, 2016 uno de contracción casi igual a la recuperación esperada en 2017–. Esto implica al menos tres años perdidos.

Las cosas podrían mejorar o empeorar significativamente. Considero que podrían mejorar si se adoptaran las siguientes medidas:

(1) Reducir el gasto público: El gobierno podría aprovechar la coyuntura externa de precios mundiales más bajos de los combustibles para eliminar esos subsidios. Para “endulzar” la píldora, se podría compensar a los beneficiarios del bono de desarrollo humano por el incremento estimado en el costo del gas para uso doméstico.

El gobierno debe reducir la burocracia, enfocándose en las nuevas unidades ejecutoras del gasto creadas por la revolución y que, incluso en tiempos de vacas gordas, eran difíciles de justificar. Por ejemplo: los 6 ministerios coordinadores, entre otros, y secretarías, como la del Buen Vivir. El gobierno también podría reducir significativamente el gasto en inversión pública concesionando la ejecución y mantenimiento de diversas obras.

(2) Liberar el comercio y el flujo de capitales: eliminando el impuesto a la salida de divisas, salvaguardas, cuotas, normas INEN y certificaciones de origen posteriores a 2009. Olvidarse de propuestas disfrazadas de novelería, que no hacen más que revivir males del pasado y son incompatibles con la dolarización, como el timbre cambiario.

(3) Derogar el Código Orgánico Monetario y Financiero y/o simplemente darle vacaciones indefinidas a la Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera que se deriva de este, luego de retirar las resoluciones que ha tomado en 2015. En dolarización no se necesita que un organismo estatal gestione la liquidez de la economía, peor aun cuando el gobierno tiene un concepto tan particular de liquidez, que considera líquida la deuda que este mismo emite y luego dispone –a través de esta “Súper Junta”– que se compre con activos líquidos que no le pertenecen ni al gobierno ni al Banco Central del Ecuador. Esta disposición a discreción del gobierno, de porciones no desdeñables de la Reserva Internacional, seguramente está detrás de la contracción atípica del crédito y de los depósitos. El gobierno debe dejar de transferir el riesgo de las finanzas públicas al sector financiero.

(4) Reducir el costo de hacer negocios y de contratar empleados formalmente. El gobierno debe olvidarse de su nostalgia por el poder de devaluar la moneda y aplicarse a la tarea de implementar una reducción de costos internos que comprendería: la reducción del gasto público, más una reducción de la carga tributaria, facilitar el pago de los impuestos y flexibilizar el mercado laboral para permitir que se dé más rápido el inevitable ajuste, una vez que se abra la economía. Hay muchos modelos a seguir, el gobierno puede adoptar como guía el Índice Haciendo Negocios del Banco Mundial y/o aprender de la experiencia reciente de las pequeñas economías bálticas que salieron rápido de la crisis en 2008-2009 sin salirse del euro.

*Esta columna fue publicada originalmente en El Universo.com.

Países