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Italia baila sobre un volcán
Lun, 07/05/2018 - 10:14

Bernd Riegert

Grecia: la continuación de la tragedia
Bernd Riegert

Bernd Riegert es periodista de Deutsche Welle.

Dos meses después de las elecciones parlamentarias, nada ha cambiado en Italia. Las dos agrupaciones populistas de izquierda, Movimento 5 Estrellas (M5S), y de derecha, Liga Norte, se bloquean entre sí. Los hasta ahora gobernantes socialdemócratas, fuertemente golpeados, se resisten a pasar a la oposición. Todos los intentos de forjar cualquier coalición entre los descontentos, los radicales de derecha o izquierda y los más o menos moderados, han fracasado. El presidente italiano, Sergio Mattarella, sintió la frustración de ver que, pese a sus esfuerzos, las partes no ceden.

Un último intento antes de nuevas elecciones

El Movimento 5 Estrellas exige ahora nuevas elecciones en junio. Los extremistas de derecha preferirían votar a fin de año. Cada partido tiene su propio calendario y calcula cuándo sus posibilidades de obtener más votos podrían ser más altas. Mattarella no es amigo de repetir las elecciones. Siente la misma frustración que muchos italianos, que no están muy desencaminados al decir que la próxima votación probablemente produzca el mismo resultado: es decir, un bloqueo. Además, una nueva elección se percibe como un despilfarro de dinero. Y con una irresponsablemente alta deuda pública, el Estado italiano no está para reglar dinero.

El presidente quiere, por tanto, hacer este lunes un último intento de forzar a los vanidosos gallitos de la izquierda y la derecha a sentarse en la mesa de negociación. Todavía es posible un acuerdo entre los socialdemócratas y el Movimiento 5 Estrellas, o al menos, entre partes de estos partidos venidos a menos. Otra posibilidad sería una alianza entre el "Movimento" y la derecha nacionalista "Lega". En ese caso, sin embargo, el ex primer ministro y todavía gran aglutinador de los conservadores, Silvio Berlusconi, tendría que ser sacrificado. Pero el octogenario no está todavía listo para retirarse.

De fallar también el último intento del presidente italiano, podría poner un gobierno de transición de "tecnócratas" que aprobara el presupuesto para 2019 y prepare las nuevas elecciones para la próxima primavera. Sin embargo, incluso los "tecnócratas" tendrían que disponer de un voto de confianza del parlamento totalmente dividido. También es posible que el actual primer ministro Paolo Gentiloni simplemente siga en el cargo. Sin una mayoría parlamentaria, sin embargo, se vuelve muy difícil acordar un presupuesto.

Tregua de los mercados

Italia solo puede permitirse este circo político porque a la economía italiana le está yendo, en un momento de débil crecimiento, relativamente bien. Los mercados financieros no se están viendo muy afectados por la incertidumbre política. Las tasas de interés para refinanciar la enorme deuda pública son asumibles. Para los mercados y la estabilidad de la zona del euro, donde Italia es un miembro clave, sería mejor que un gobierno de transición tomara el timón. Sería más estable y fiable que cualquier alianza de populismos de izquierda y derecha. Si los populistas euroescépticos se hicieran cargo del gobierno en algún momento, el ambiente podría de disfrutar de esta calma rápidamente.

Si los mercados retiraran su confianza a un Luigi Di Maio, del M5S, o de un Matteo Salvini, de la 'Lega', se podría caer en una crisis en la que la deuda financiera no pudiera ser refinanciada, teniendo que intervenir un paquete de rescate del euro. La incertidumbre se ve agravada por la perspectiva de que el Banco Central Europeo finalmente vaya a elevar las tasas de interés, lo que automáticamente significa que el costo de los bonos del gobierno italiano también aumentará. Las consecuencias para una Italia debilitada y políticamente inestable podrían ser fatales. La UE tendría que inundar Italia con cientos de miles de millones de euros. El rescate a Grecia habría sido un mero ensayo pequeño.

Con todo esto, Italia baila políticamente sobre un volcán virtual que se comporta como el verdadero Vesubio cerca de Nápoles: se mantiene en silencio, pero puede explotar en cualquier momento.

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