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La reelección de Cristina Fernández: el día después
Vie, 28/10/2011 - 09:08

Guillermo Holzmann

Escenarios post Kirchner
Guillermo Holzmann

Cientista Político, Académico de la Universidad de Valparaíso. Ex subdirector del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile (2005-2009). Su desarrollo profesional y académico se ha focalizado en las áreas de Estrategia, Seguridad, Inteligencia, Defensa y Riesgo Político. Es académico de variados magíster dentro de su país, así como investigador asociado y profesor de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos dependiente del Ministerio de Defensa Nacional. Miembro de International Association For Intelligence Education (Iafie), International Political Science Association (IPSA), Latin American Studies Association (LASA), Red de Seguridad y Defensa de América Latina (Resdal), entre otros. Analista político en diversos medios radiales, televisivos y escritos, tanto en Chile como en el extranjero. Socio-Director de Analytyka Consultores (www.analytyka.com).

Cristina Fernández se encuentra en el mejor de los mundos. No sólo obtuvo un categórico triunfo, que le da una histórica votación para su reelección, sino que además obtiene mayoría tanto en el Senado, como en la Cámara de Diputados. Si eso no fuese suficiente, logra triunfos relevantes en la mayoría de las gobernaciones provinciales argentinas.

Todo ello indica que Cristina Fernández tiene las redes políticas de poder a su favor y la posibilidad de avanzar en todos los proyectos que desee implementar, con total autonomía e, incluso, prescindiendo de grupos fácticos como de sectores y partidos opositores. Del mismo modo, esta concentración de poder la deja en una situación de evidente ventaja al inicio de su nuevo gobierno, pero también cercana a un precipicio si su gestión política –en términos de manejo económico y social- no logra sustentarla en el tiempo.

Tan pronto como la clase media y los sectores más desposeídos han estado dispuestos a apostar por Fernández frente a la fragmentación política, todos los desafíos se concentran ahora en la hoja de ruta que Cristina Fernández quiera implementar en Argentina.

El primer aspecto, sin lugar a dudas, es el económico, donde tendrá dos opciones que el mercado y el sistema financiero observarán con especial cuidado. La primera es mantener el nivel de gasto público, orientado a subsidios, ayudas y mantención de privilegios a vastos sectores de la sociedad a sabiendas que los próximos dos años los ingresos nacionales tendrán una disminución importante en virtud del comportamiento de la estructura productiva nacional, como del  impacto del ambiente de crisis mundial. En este contexto, los parámetros de inflación y desempleo serán claves para saber las reales posibilidades de una gestión de continuidad, sin los ajustes estructurales que se esperan. Recordemos que dichos parámetros, en su versión oficial, son considerados poco creíbles por los organismos internacionales.

En esta opción, el gobierno de Cristina Fernández tendrá un corto periodo de gobernabilidad que empezará a evidenciarse durante el segundo semestre de 2012, y especialmente el 2013. Conforme a los datos existentes, ésta sería una opción poco realista y que la llevaría a hipotecar el respaldo ciudadano obtenido.

La segunda opción es la generación de cambios estructurales, en forma gradual, que permitan al sistema económico adecuarse a su marco presupuestario y generar condiciones para un incremento de ingresos, una mayor seguridad jurídica en las inversiones y un sinceramiento paulatino respecto a los tipos de ayuda social (subsidios y otros) que el gobierno estaría en condiciones de sostener en el tiempo.

De tomar esta opción, se advertiría un repunte en las inversiones de mediano y largo plazo, y una consolidación política del kirchnerismo al generar bienestar social con una mirada más realista, antes que pragmática. Las medidas tomadas durante el 2010 tenían un claro objetivo electoral aprovechando las positivas condiciones económicas del país.

Su holgado triunfo le da espacio para implementar esta opción y generar un modelo alternativo que seguiría las líneas centrales de lo realizado en Brasil, manteniendo una distancia razonable con el modelo chavista.

En lo político, las dos opciones principales de la presidenta reelecta se concentran en los espacios que abra o no a la disidencia del partido justicialista y a los opositores. Como es natural, su llamado a la unidad nacional no deja en claro cuál será el modelo de relacionamiento. Si su opción es concentrar y ampliar el poder recibido desde las urnas, los opositores tendrán escasa posibilidad de levantar alternativas u oponerse a las decisiones presidenciales, mientras que la disidencia de su partido quedará anulada y con tendencia a desaparecer.

En este esquema Fernández reconocería solo a Binner (Socialista-Frente Amplio Progresista) como un opositor, que en los hechos funcionaría como aliado pensando en las elecciones del 2015.

Su otra opción es abrir espacios de negociación y alianzas puntuales con el radicalismo, la disidencia y la centro derecha, con la finalidad de asegurar un respaldo transversal sobre cuestiones que no involucren el eje central de su programa, pero que tendría el efecto positivo de integrarlos a una visión concertada sobre los temas esenciales de país.

Sin duda, esta sería una opción que fortalece la democracia Argentina y le daría una plataforma creíble y viable para que el kirchnerismo opte a un cuarto gobierno el 2015.

A lo anterior, se debe tener presente que la centro derecha argentina, representada por Mauricio Macri, no logró levantar un candidato a la presidencia, y en la cámara de diputados posee sólo 12 de 257 diputados, mientras que en el Senado su representación es prácticamente nula. Con estos factores, su posibilidad de ser un actor referente resulta mínima.

No obstante lo anterior, el hecho de que Macri mantenga una figuración política como alcalde de Buenos Aires le da un limitado espacio, con posibilidad de crecimiento, para articular una oposición social y política que le permita configurar un movimiento opositor con alguna probabilidad de éxito hacia el 2015. La duda es si tendrá esa capacidad y cuánto apoyo podría reunir conforme sean las opciones que tome Cristina Fernández en lo económico y político.

Lo nuevo que aporta Cristina Fernández para este periodo es la apertura de un espacio de renovación de liderazgos políticos para los círculos cercanos a su pensamiento, que se expresa en su vicepresidente, que además asume –según la Constitución Argentina- la presidencia del Congreso. Se trata de Amado Boudou, quien con 48 años representa un sector importante de los kirchneristas jóvenes. La expresión de su liderazgo se centra en su empatía y cercanía con una visión de vida y política distinta a lo que la vieja guardia política de Argentina ha estado acostumbrada. Este proceso se repite en otras instancias de la estructura política, asociada al gobierno y el movimiento que preside la presidenta.

El aporte resulta importante en un esquema político muy poco dado a reconocer rostros nuevos en los círculos del poder, como se demuestra en los candidatos presidenciales. Por ello, esta apertura le puede dar al kirchnerismo la posibilidad cierta de trasvasijar el apoyo actual a nuevas generaciones bajo el liderazgo de Cristina Fernández. En este mismo sentido, se considera la fórmula de vinculación a través de nuevos referentes en el sector sindical del país, donde el justicialismo tradicional tiene la mayor capacidad de influencia. La Presidenta ha sabido neutralizar a los viejos dirigentes abriendo nuevas redes de poder que han logrado posicionarla como líder y, a la vez, neutralizar antiguas redes que manejaba eficientemente su fallecido esposo. Esta suerte de estrategia, le ha dado a cristina Fernández autonomía y espacio de maniobra importante que se capitaliza en parte importante en esta elección.

Otro aspecto a considerar es que su plataforma clientelista, aprovechando la bonanza económica, resulta cómoda y atractiva para un sector importante de la población que siente la protección del Estado y una capacidad nacional para enfrentar las exigencias del sistema financiero internacional. Con ello, desarrolla un modelo autónomo al proceso de globalización en el cual se encuentran otros países, como es el caso de Chile. La capacidad de mantener esta capacidad está directamente relacionada con las opciones que en definitiva asuma el nuevo gobierno, y que se reseña en párrafos anteriores.  El riesgo mayor es que en definitiva la economía doméstica y la crisis internacional terminen colapsando el erario nacional y con ello el apoyo político mostrado en esta elección.

En este nuevo escenario una oposición menguada estará representada por Ricardo Alfonsín, de la Unión Cívica Radical, que con sus 41 diputados y 17 senadores deberá asumir la responsabilidad de conformar una oposición efectiva desde una incómoda minoría parlamentaria, y que dependerá directamente de su capacidad de alianza y negociación, como del comportamiento final que tenga el gobierno. Normalmente, los gobiernos argentinos tienen una mayor tendencia a anular a los opositores antes de darles espacio de diálogo y negociación. Esta misma lógica se aplicará a los medios de comunicación opositores, donde el conflicto planteado por el gobierno parece concluir en favor de éste.

En el caso de Hermes Binner, su posición -como ya se señaló- es privilegiada y dada la sintonía ideológica con el gobierno de Fernández, su posición en temas claves será un factor influyente en el comportamiento de otras fuerzas políticas. Conforme las costumbres del país trasandino, la mayor probabilidad es que esta facción socialista tienda a conformar un frente político orientado a evitar el crecimiento de la oposición, cooperar con el gobierno y asegurar un espacio de crecimiento que le dé posibilidades presidenciales el 2015. Con todo, se espera que esta relación no sea del todo fácil y mantenga grados de conflictividad variables, conforme aumente o disminuya el respaldo a la Presidenta. En los hechos sería una oposición pragmática.

Finalmente, es necesario considerar la probabilidad cierta de que el kirchnerismo evalúe la presentación de un proyecto durante el 2012 orientado a reformar la Constitución y permitir la reelección de la presidenta en 2015, para lo cual el gobierno tomará cierta distancia con la finalidad de que ello sea expresión del sentir popular antes que de una meditada estrategia de perpetuar el kirchnerismo en el poder. La similitud de este proceso con el vivido en otros países de América del Sur no pasará desapercibido, a pesar del evidente sustrato nacionalista y populista que caracteriza la propuesta kirchnerista.

De esta forma, cuando el 10 de diciembre asuma el nuevo periodo, Cristina Fernández lo hará bajo certezas de lo que fue su último año de gobierno y con grados variables de incertidumbre respecto a las opciones que elegirá para este nuevo periodo. Por ello, resulta precipitado afirmar que el categórico triunfo obtenido sea un apoyo leal y consistente en el tiempo, más bien se trata de una apuesta en un escenario político complejo en términos de representación y de capacidad de enfrentar una concentración de poder. El solo hecho de tener más de 35% de distancia con su seguidor y una abstención menor al 25% constituyen factores que dan para sostener que la opción de Fernández será el de mantener su esquema actual. Ahora queda esperar su hoja de ruta y si ello tendrá variaciones significativas respecto a lo ya conocido.

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