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Los estímulos de la Fed
Vie, 21/09/2012 - 08:20

Gabriela Calderón

Cómo Irlanda sale de la recesión
Gabriela Calderón

Editora de ElCato.org y columnista del diario El Universo (Ecuador). Se graduó en 2004 con un título de Ciencias Políticas con concentración en Relaciones Internacionales de la York College of Pennsylvania. Sus artículos han sido reproducidos en otros periódicos de Latinoamérica y España como El Tiempo (Colombia), La Prensa Gráfica (El Salvador), Libertad Digital (España), El Deber (Bolivia), El Universal (Venezuela), entre otros. En 2007 obtuvo su maestría en Comercio y Política Internacional de la George Mason University.

La semana pasada, la Reserva Federal (Fed) de EE.UU. anunció la tercera ronda de flexibilización cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés), en vista de que la economía estadounidense todavía no logra una recuperación decisiva de la Gran Recesión. Los mercados y los políticos alrededor del mundo lo han celebrado. Pero ¿funcionará este nuevo “estímulo” de la Fed?

Hay un consenso entre banqueros centrales de que cuando se avecinan tiempos difíciles, conviene aumentar la oferta monetaria (léase crear dinero). La Fed puede hacer esto reduciendo la tasa de interés de los fondos federales o comprando bonos del Tesoro de EE.UU. La flexibilización cuantitativa es un término sofisticado para referirse a una versión mucho más amplia de este segundo método: en lugar de limitarse a comprar bonos del Tesoro, ahora la Fed compra –a precios por encima de los que el mercado fijaría– activos financieros, como títulos hipotecarios.

Steve Hanke, de Johns Hopkins University, considera que durante el último cuarto de siglo la Fed ha “sobrerreaccionado a crisis reales o percibidas y creado tres burbujas de demanda agregada”. Esto, dice Hanke, tiene que ver con la teoría austriaca del ciclo económico: “Con las tasas de interés artificialmente bajas, los consumidores reducen sus ahorros a favor del consumo, y los empresarios aumentan su nivel de gasto en inversiones”. El problema es que estas inversiones no se generan con base en un ahorro real y ocasionan burbujas en determinados sectores, como ocurrió recientemente con el sector inmobiliario estadounidense.

Una de las principales contribuciones de la Escuela Austriaca de Economía, destacada por su habilidad para describir y predecir lo ocurrido durante la Gran Recesión, es que la creación de dinero no es neutral, haciendo lucir como rentables inversiones que en condiciones normales no lo fueran.

La Fed no ha logrado con sus “estímulos” una recuperación sustancial de la economía. Hanke indica que la oferta monetaria está compuesta del dinero creado por el Estado (base monetaria) y el dinero creado por los bancos. Aunque la base monetaria se ha triplicado desde la caída de Lehman Brothers en septiembre del 2008, el dinero bancario se ha reducido en un 9,54%.

Hanke atribuye esta caída a políticas como la Ley Dodd-Frank de regulación financiera y los requisitos de capital de Basilea III, que han obligado a los bancos a reducir sus préstamos. “Al ser el dinero bancario el 94% de la oferta total de dinero al comienzo de la crisis, es fácil ver porqué su descenso ha sido difícil de compensar para los productores de dinero del Estado (la Fed)”.

Lo que estamos viendo es que la crisis actual no ha sido causada por la mano invisible del libre mercado, sino por la muy visible mano de los estados y de los bancos centrales más importantes del mundo –particularmente la Fed–.

El economista Jesús Huerta de Soto explica en el documental Fraude: Por qué la Gran Recesión que “es importante entender que si hay un sector intervenido en las actuales economías, es el sector financiero y bancario y que, por tanto, la crisis que nos asuela no es una crisis de la economía de mercado, sino todo lo contrario”.

*Esta columna fue publicada originalmente en ElUniverso.com

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