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¡Otra vez Venezuela!
Mar, 18/02/2014 - 09:17

Carlos Antonio Romero Mendez

Elecciones presidenciales en Venezuela: ¿final fotográfico?
Carlos Antonio Romero Mendez

Carlos Antonio Romero Méndez es venezolano y politólogo y doctor en Ciencias Políticas. Obtuvo la Licenciatura en Estudios Políticos y Administrativos en la Universidad Central de Venezuela en 1978, la Maestría en Ciencias Políticas en la Universidad de Pittsburgh (EE.UU.), en 1979, y el Doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad Central de Venezuela en 1989. Es autor de cinco libros, más once en colaboración, ha publicado más de 100 artículos académicos y ha participado en más de 300 eventos académicos nacionales e internacionales como conferencista y panelista. El profesor Romero ha sido subdirector (1996-1998) y director, en dos ocasiones, (1998-1999 y 2005-2006) del Centro de Estudios de Postgrado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas de la Universidad Central de Venezuela; coordinador del Doctorado en Ciencias Políticas de esa Facultad (1992-1999); asesor del Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela (1991-1992 y 1999) y coordinador de varios proyectos internacionales de carácter académico, entre otros, con el Social Science Research Council (1989), la Fundación Tinker (1992 y 1993) y la Fundación Friedrich Ebert (2006 y 2011).

Los últimos acontecimientos ocurridos en Venezuela expresan cuál frágil se encuentran las instituciones y la vida misma, en un país que no ha logrado la reconciliación de sus habitantes. La polarización, la violencia, el miedo y la incertidumbre reflejan la confrontación permanente entre un Estado capturado por unas elites que han querido imponer un modelo revolucionario peculiar y una franja de opositores que cada día se hace más importante y que se niega a aceptar a que la democracia y la empresa privada desaparezcan del entorno nacional.

En este año 2014 se han puesto en vilo los esfuerzos que se hicieron a finales del año pasado a favor de un diálogo nacional que imponga unas reglas claras de convivencia y garantice una paz social deseada por muchos, pero que no conviene a una minoría ruidosa que quiere “pescar en río revuelto”.

No es la primera vez que esto pasa. Pero este nuevo ciclo de perturbación política se da junto con una generalizada crisis económica que se expresa en el aumento de lo indicadores negativos de inflación, desabastecimiento, desempleo y escasez de divisas. En segundo lugar, el estamento militar hace mutis y no se mete en el problema -por ahora-. Y en tercer lugar, los gobiernos extranjeros y algunas organizaciones internacionales se limitan a manifestar su preocupación por lo acontecido pero no toman partido por uno de los dos factores en pugna, excepción hecha por los amigos del gobierno o de algunas personalidades y actores globales que apoyan abiertamente a la oposición.

Tratemos de conseguir una explicación: el gobierno se encuentra estable pero no necesariamente está fuerte. Estable porque no tiene un contra-poder en materia política, militar, social e internacional. Pero no está fuerte, ya que tiene ante sí al menos dos grandes retos. En primer lugar, controlar la crisis económica y que no se le vaya de las manos. Y en segundo, lugar, que la oposición de diversas maneras aumente su fuerza.

El gobierno le ha dado una prioridad a la intensificación de la revolución y ha ahogado cualquier posibilidad de diálogo y de consenso. A pesar de las muestras oficiales de convocar a los gobernadores y alcaldes opositores a reuniones de trabajo, no se ha dado ningún gesto de querer tratar y resolver el tema de los presos políticos, en especial el sonado caso del Comisario Simonovis.

Al mismo tiempo, no se ha dado ningún paso para abrir la participación de la oposición parlamentaria en la Asamblea Nacional. De hecho, al formarse las comisiones parlamentarias para este período no sólo se volvió a negar la posibilidad de que la minoría parlamentaria ocupara un puesto en la directiva sino que se ratificó la posición de que ninguna comisión estaría presidida por un miembro de la bancada de la oposición y se llegó al colmo de observar que tampoco ahora no habrá ningún vicepresidente de alguna comisión parlamentaria que esté adscrito a la oposición.

Y ante la crisis económica, el gobierno no ha hecho sino fundamentar pequeños movimientos-puros “paños calientes”- y no se ha definido sobre la necesidad de aplicar un plan de ajuste, aumentar de la gasolina, proceder a la devaluación total del bolívar y disminuir el cerco del control cambiario; decisiones estas realmente necesarias para recuperar el nivel de las reservas internacionales y fomentar un piso de solvencia económica.

Por otro lado, la oposición presenta una ruptura importante, ya que en su seno no hay un consenso sobre tres temas:

1.- ¿Si se sustituye o no el liderazgo de Henrique Capriles?;

2.- ¿Qué tipo de línea política debe seguirse?: ¿Negociación con el gobierno, consenso o una línea opositora radical?

3.- ¿A qué sujeto se  le debe dar un mayor apoyo por parte de la oposición: a los pobres, a la clase media o a los estudiantes?

La vida cotidiana de los venezolanos se va rápidamente en las diligencias para conseguir los productos que escasean y evitar que les roben y asalten. Si bien el gobierno insiste en que hay una oferta suficiente de bienes y servicios y trata de parar el contrabando de extracción, no es fácil conseguir los productos de primera necesidad y algunas medicinas y esto se debe fundamentalmente a la especulación y a la falta de productividad de las fábricas y de los laboratorios, por falta de insumos o por el encarecimiento de estos.

El sistema de medios de comunicación del gobierno y los sectores privados domesticados no transmiten las marchas y las concentraciones con imparcialidad. Esta es una importante conclusión: en verdad, la cobertura de los hechos por los canales y periódicos privados es muy escasa. Se tuvo que seguir los acontecimientos por los canales y prensa oficialistas, desde luego con un alto nivel de manipulación o por la vía internacional.

Ahora bien, esta situación no se debe definir como una especie de hecatombe que vaya a sacar del medio al gobierno de Maduro en pocos días. El gobierno y el oficialismo han dado muestras claras que controlan el poder de fuego, que no van a tolerar un “contra-poder” y que van a seguir reprimiendo a los estudiantes y a quienes pretendan subvertir el orden. Se mantiene todavía el respaldo militar, el respaldo popular y el control las divisas, a pesar de los crecientes brotes de corrupción, del desorden en las calles, de la presencia de bandas armadas y de una creciente protesta social.

Hasta ahora lo que se ve son algunos brotes de desobediencia social y una selectiva y cruel represión. Pero si el desarreglo continúa, el pueblo puede comenzar a moverse y a oír los llamados de la oposición a enfrentar por todos los medios posibles al régimen

En síntesis, en el oficialismo se profundiza la pugna entre sectores radicalizados y sectores reformistas, en la oposición aumenta el nivel de fragmentación, en el país no se detienen la inflación y la inseguridad y lo que es peor: no se ve una salida inmediata a una situación endeble y contradictoria.

*Esta columna fue publicada originalmente en Asuntos del Sur.org.

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