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¡Río de Janeiro, ten piedad!
Lun, 01/08/2016 - 10:03

Astrid Prange

¡Bravo Guatemala!
Astrid Prange

Astrid Prange es redactora de Deutsche Welle.

Río de Janeiro es único: la capital virtual del Brasil es capaz de ejercer un irresistible magnetismo sobre adeptos de los grandes eventos. Ya sean protectores del medio ambiente, católicos, aficionados al Carnaval, al fútbol o atletas olímpicos; todos sueñan con viajar a Copacabana.

En exactamente una semana comenzarán los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, los primeros de Suramérica. Desde la primera vez que se celebraron en Atenas en 1896, el evento deportivo ha tenido lugar veintiún veces en Europa, cuatro en Asia, seis en Norteamérica y dos en Australia.

Ya era más que merecido que el evento deportivo más grande del mundo tuviese lugar en un país en vías de desarrollo. ¿Dónde más si no en Brasil para darle nueva vida al evento?

Brasil es un país que, pese a los malos augurios, organizó en 2014 una exitosa Copa Mundial de Fútbol. Asimismo, es el país que, después de haber recibido una contundente derrota contra el equipo alemán, decidió felicitar al vencedor en vez de crear odios y disturbios. 

En vista de las constantes críticas en la fase preparativa de los Juegos Olímpicos, muchos cariocas han tenido que enfrentar desconciertos. Y es que los ciudadanos han soportado por años las grandes construcciones y tuvieron que presenciar como el histérico debate en torno al virus del Zika por poco hizo aplazar las Olimpiadas. 

Además, los habitantes de Río han tenido que escuchar las quejas de las delegaciones sobre el mal estado de los alojamientos, a sabiendas de que en previos Juegos Olímpicos surgieron otros problemas: en Atenas 2004 los estadios no quedaron listos a tiempo; en Pekín 2008 estuvo presente la constante alarma del smog; y los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi, con un precio de alrededor de US$40.000 millones, han sido los más costosos hasta la fecha.

No todo es perfecto. Es cierto que en Río no todo ha sido perfecto. La pintoresca Bahía de Guanabara, en donde se encuentra la ciudad, sigue estando sucia. La nueva línea de metro, que debería ir hasta el retirado Parque Olímpico, es menos extravagante de lo planeado y viaja sólo, al parecer, en modo de prueba. Además, muchos habitantes tuvieron que mudarse en contra de su voluntad para dar paso a la construcción de los sitios olímpicos. 

No obstante, en esta ocasión, los Juegos Olímpicos son en Suramérica y no en Europa. A diferencia de las urbes suramericanas, ciudades europeas adineradas como Hamburgo, Múnich, Estocolmo y St. Moritz se pronunciaron vía plebiscito en contra de hospedar los Juegos Olímpicos. Inclusive, el mismo Gobierno noruego retiró la candidatura de Oslo por la gran cantidad de demandas que hacía el Comité Olímpico Internacional.

Río deslumbrará y será un buen anfitrión. Es de respetar que una ciudad como Río de Janeiro, con sus graves problemas sociales, organice los Juegos Olímpicos. Y hay más: a pesar del pesimismo y de la crisis política que vive el país, es admirable como los cariocas se han aferrado a la idea olímpica y a su tradicional hospitalidad para seguir adelante con la organización de los juegos.

Río y sus ciudadanos darán al evento su marca personal, le darán un sello brasileño. ¡Gracias a Dios! Los Juegos Olímpicos tienen que estar adecuados a las circunstancias del anfitrión y no a las demandas del Comité Olímpico Internacional.

Río y sus ciudadanos demostrarán que no sólo con gigantismo, comercialización y perfección se pueden tener unos juegos exitosos, sino también, con hospitalidad y furor deportivo. Si en esta particular ciudad se introdujera este cambio de paradigma, tanto Brasil como los Juegos Olímpicos ganarían mucho.

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