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Turquía: ¿qué después de las elecciones?
Jue, 05/07/2018 - 11:50

Esther Shabot

Amos Oz, más allá de la literatura
Esther Shabot

Esther Shabot Askenazi es licenciada en Sociología de la UNAM (1980, México), con estudios de maestría en Sociología en la UNAM y con especialización en Estudios Judaicos en la Universidad Iberoamericana (1982-1985). De 1983 a 1986 fue colaboradora semanal del periódico "El Nacional", tratando asuntos del Oriente Medio. Desde 1986 hasta la fecha es editorialista semanal en el periódico Excélsior, donde trata asuntos internacionales.

Tal como se sospechaba que sucedería, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan ha conseguido consolidar su férreo control. Luego de triunfar en las elecciones de hace una semana con poco más de 53% de los votos a su favor, se encamina a la formación de su nuevo gobierno en alianza con el Partido de Acción Nacionalista (MHP) de extrema derecha. Aunque al MHP se le encomendarán algunos ministerios, lo más probable es que el AKP de Erdogan se reserve para sí los más importantes, tales como los de relaciones exteriores, economía, energía y educación.

Además, queda claro que en virtud del cambio de sistema, de parlamentario a presidencialista, el primer mandatario tendrá ya la facultad de despedir ministros, jueces y demás funcionarios públicos, eliminando así los posibles contrapesos a su enorme poder unipersonal.

Una de las primeras decisiones tomadas tras el triunfo del AKP ha sido la de la cancelación dentro de unos días, del estado de emergencia que regía desde el abortado intento de golpe de Estado de hace dos años y que le sirvió para purgar y encarcelar a decenas de miles de servidores públicos, periodistas, académicos, políticos y miembros de la milicia. Pero hoy el regreso a la normalidad es urgente debido a la deplorable situación de la economía nacional caracterizada por el hundimiento de su moneda, un gigantesco déficit en su cuenta corriente, una galopante inflación y, en consecuencia, una huida de capitales derivada de la desconfianza de los inversionistas.

Aunque en el curso de estos primeros días tras los comicios han sido liberados algunos de los personajes célebres que se hallaban tras las rejas, es probable que se trate sólo de gestos cosméticos destinados a proyectar una mejor imagen ante el mundo. Porque el carácter profundamente autoritario de Erdogan no ha cambiado. Lo que pasa es que de ahora en adelante podrá gobernar por decreto y continuar controlando por ese medio, todo lo que le sea de utilidad. Algo que aún no es claro, es si en la cancelación del estado de emergencia estará incluida la región sureste del país, cuya población es predominantemente kurda. Porque es en ese espacio donde existe mayor conflictividad y masivas violaciones de derechos humanos, en vista de la presencia ahí de la militancia nacionalista kurda que siempre ha sido combatida con ferocidad por el poder central de Ankara.  

Uno de los pocos resultados de los comicios que no fueron como convenía a Erdogan ha sido el obtenido por el pro kurdo Partido Democrático del Pueblo (HDP) encabezado por Selahattin Demirtas, quien se encuentra en prisión, pero a pesar de ello logró transmitir sus mensajes a su público y movilizarlo a fin de conseguir traspasar 10% de la votación requerida para entrar al Parlamento. Ese resultado constituye una pequeña grieta en el poder omnímodo que ha conseguido Erdogan, aunque es evidente que se trata de un desafío bastante menor para un político tan colmilludo como él. Por otra parte, el más fuerte opositor a Erdogan en la elección presidencial, Muharrem Ince, del Partido Republicano del Pueblo (CHP) obtuvo 30.6% de los votos, sobre todo de mujeres y jóvenes, lo cual es elocuente de la existencia de importantes sectores sociales inconformes con el statu quo imperante.

Viendo lo que ocurre en Turquía dentro del contexto mundial, no hay duda de que se trata de uno de los múltiples ejemplos de consolidación y/o surgimiento de regímenes con fuertes rasgos antidemocráticos, nacionalistas extremos, represivos y excluyentes, que se están instalando en países que creíamos se hallaban a salvo de caer en ello. Lo cual nos remite, por desgracia, a un panorama mundial global nada optimista.

*Esta columna fue publicada originalmente en Excélsior.com.mx.

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